martes, 21 de julio de 2015

REGRESO A TU PIEL DE LUZ GABÁS

La novela está narrada en 3ª persona, con dos líneas temporales, una en el presente y otra en 1585 y 1592. Consta de cuarenta y cinco capítulos y la historia sucede en Madrid y en el Alto Aragón. Su lectura es fácil y sencilla, con una prosa cuidada y deliciosa dónde Gabás describe a unos personajes profundos y cuidados y unos paisajes entrañables y evocadores. Al principio la historia es un poco lenta, pero a medida que avanza la lectura y sobre todo al final, nos encontramos con una novela adictiva llena de misterio e intriga.

La primera línea temporal está situada en el presente dónde conoceremos a Brianda, una joven ingeniera que vive en Madrid y le apasiona su trabajo, pero que desde hace un tiempo sus ataques de ansiedad y sus pesadillas la obligan a recurrir al médico y a tomar medicación. En el terreno sentimental es muy feliz junto a su novio, Esteban. Su madre le aconseja que pase unos días en la montaña junto a su tía Isolina para que pueda descansar. Con los recuerdos de la infancia llega a Tiles en lo Alto de Aragón. Allí conocerá a Neli, una joven que la ayudará con su problema y también se encontrará con su tío Colau con el que tuvo algunos desacuerdos en la infancia. Sus paseos la llevarán a la casa de Lubich que perteneció a una familia adinerada en el siglo XVI y está siendo restaurada por su nuevo dueño, un joven italiano muy apuesto. Tanto los paisajes de Tiles, la casa de Lubich y los encuentros con Corso, la llevan a unos recuerdos del pasado y a los sueños que tiene últimamente. Brianda descubre que su vida está vinculada a la de una joven llamada  Brianda de Lubich que vivió hace cuatro siglos y murió acusada de brujería.

En la segunda línea temporal conocemos a Brianda de Lubich hija y heredera de Johan Lubitch uno de los señores más poderosos del condado de Oriun. Nos encontramos en el siglo XVI a principios de la edad moderna. El condado se encuentra dividido por los enfrentamientos entre vecinos debido a preferencias e intrigas políticas. Esos enfrentamientos llegarán muy lejos hasta hacer peligrar la herencia de Brianda de Lubitch. A la casa de Anels llegará Corso, un guerrero italiano que será acogido como un hijo y que luchará por el amor de Brianda. En el poblado habrá una cacería de brujas dónde veintitrés mujeres serán acusadas y asesinadas en la horca.



En las notas que presenta la autora nos  cuenta que en el año 1980 en una pequeña localidad de Orense aparecieron escondidos unos documentos sobre 1576 y 1592 y entre ellos se encontraron dos folios que explican como varias mujeres fueron asesinadas en 1592 acusadas de brujería y  cómo se llevaron a cabo los juicios. Lo curioso del  caso es que no fueron acusadas por la Inquisición, sino por la sociedad civil. Luz Gabás se inspiró para su novela en esos dos folios y los lugares que aparecen en la novela aunque son ficticios tienen relación con el antiguo  condado de la Ribagorza, lugar muy cercano a la autora. La historia de la novela nos lleva a la magia, a la mitología y a la leyenda de las montañas en lo Alto de Aragón. Parte de la documentación de los hechos históricos es real como las acusaciones, los juicios, la política, la religión, las guerras, etc..

Nos volvemos a encontrar con otra novela narrada en dos tiempos, donde la autora nos cuenta una historia muy diferente a la anterior. Los personajes femeninos son los principales en la novela, quedando los masculinos en segundo lugar. Las dos Briandas son los personajes centrales y conoceremos sus vidas, siendo el pasado quizás más interesante que el presente. La descripción de los paisajes es es una parte fundamental de la historia para situar el entorno en el que gira la trama. Es una novela romántica con alta dosis de fantasía ya que el amor de las protagonistas traspasa la barrera del tiempo para volver a reencontrarse después de cuatro siglos.

Recomiendo Regreso a tu Piel al igual que la anterior de la autora, Palmeras en la Nieve. En ellas se podrá encontrar una novela adictiva cargada de amor, odio venganza, aventura lucha...con unos personajes bien delineados que destilan realismo, con una descripción maravillosa de los paisajes y una historia mezcla de realidad y fantasía.

viernes, 17 de julio de 2015

PASIÓN INDIA DE JAVIER MORO

El comienzo es bien conocido. Lo cuenta Ricardo Baroja en uno de esos libros que se recomienda leer a los estudiantes, Gente de la Generación del 98. A comienzos del siglo pasado un frontón madrileño cercano a la plaza del Carmen se convertía por las noches en improvisado teatro de variedades: se colocaba un escenario, se llenaba de butacas media cancha, con sillas y mesas de café la otra mitad. En el Kursaal -que tal era el nombre que recibía el frontón travestido- acostumbraban a reunirse y pasar sus buenos ratos los bohemios de la época: "Por una pesetilla", rememora don Ricardo, "se pasaba uno la noche viendo bailar a Pastora Imperio, a la Argentina, a las Esmeraldas, a la Bella Belén, a Mata Hari, y oyendo a la Fornarina, a la Malaguita, a Candelaria Medina". De teloneras actuaban dos adolescentes malagueñas, Victoria y Anita Delgado, que recibían el nombre de "las hermanas Camelia". Las acompañaba siempre su madre, gorda y simpática, celosa guardiana de la virtud de las niñas. En 1906, Madrid se llenó de príncipes y aristócratas para asistir a la boda del rey. Uno de los invitados -el maharajá de Kapurthala- entró una noche en el Kursaal y  quedó inmediatamente prendado de Anita. Le envió joyas y dinero que la muchacha rechazó indignada. Tras el atentado de Mateo Morral los invitados se apresuraron a regresar a sus países. El maharajá siguió el asedio desde París: regalos, cartas. Anita decidió escribirle. Enseñó la carta a sus amigos escritores para que le corrigieran la ortografía: Mi cerido rey, malegrará que esté usté con la cabal salú que yo para mí deseo. La mía bien. Adiós gracias. Sabrá usted..." Los amigos hicieron algo más: Valle Inclán le redactó una carta digna de una princesa, luego la tradujeron al francés y pagaron a tocateja el franqueo. Valle Inclán siempre creyó que el final feliz de aquella historia se debía a él en buena parte, y se pasó la vida esperando una exótica condecoración concedida por el príncipe indio. ¿Qué fue de aquella adolescente semianalfabaeta en su país de las mil y una noches?..

Javier Moro nos lo cuenta ahora con rigurosa domentación y magia de novelista en Pasión India, un libro que comienza en noviembre de 1907 cuando el buque de ocho mil toneladas de la naviera francesa Messageries Maritimes SS Aurore, se acerca a las costas de la India. En el viajan Ana Delgado  Briones, ya casada con el maharajá y madame Dijon, su dama de compañía. En unos pocos meses pasados en París, Anita ha cambiado mucho: ahora habla francés, luce trajes de alta costura, sabe comportarse en la mesa. Pronto sabrá también otras cosas: que su marido tiene otras cuatro mujeres y cuatro hijos (alguno de la edad de ella) que en Kapurthala la consideran una intrusa y una aventurera, que las autoridades inglesas no reconocen su matrimonio. Javier Moro sabe hacer revivir ante nosotros aquel mundo exótico con el que se encuentra Anita y el que pronto aprenderá a desenvolverse con sorprendente inteligencia y capacidad de adaptación. Por entonces más de medio millar de maharajás reinaban sobre un tercio de la India, consentidos y protegidos por los ingleses. Competían en refinamiento y extravagancia.

 Javier Moro enumera algunos ejemplos: el nabab de Junagadh invitó a más de trescientas personas, incluido el virrey a la boda de su perra favorita; el maharajá de Alwar enterraba sus Hispano Suiza detrás de su palacio cuando se cansaba de ellos; el nizam de Hydebarad se excitaba con el gemido de las parturientas; no faltaba quien utilizaba bebés como cebo para cazar tigres...Ana poco a poco concita la admiración de todos a pesar de la nostalgia, el asombro y el terror. Un día intentan envenenar a su hijo, otro es ella quien está a punto de ser asesinada. En 1910 regresa por primera vez a Europa. Se ha convertido en una mujer famosa. Los periodistas le hacen una y otra vez las mismas preguntas. ¿Es cierto que come carne de serpiente todos los días? ¿Es verdad que vive encerrada en un harén? ¿Será su hijo rey de la India?. Javier Moro recrea ante nosotros la vida de Anita Delgado -aquel cuento de hadas que fascinó a sus contemporáneos- y también algo más: mundos desaparecidos para siempre, el antiguo gran mundo que comenzó a desmoronarse en 1914 tras el pistoletazo de Sarajevo y la refinada y bárbara India de Kipling. Un día invitada por el maharajá Ganga Singh, en el palacio de Bikaner, Anita le pregunta la receta de un plato que encuentra especialmeante suculento, y él responde : Se coge un camello entero, despellejado y limpio, se mete una cabra en su interior, y dentro de la cabra un pavo y dentro del pavo un pollo. El pollo  ha de estar relleno con un urogayo. Dentro del urogayo se mete una codorniz y, finalmente, un gorrión. Luego sazónelo biien y ase el camello en un hoyo en el suelo".

El cuento de hadas de Anita Delgado no terminó en 1923. Ella tenía treinta y tres años cuando su marido se separó de ella, tras el escándalo que supuso haberla descubierto en un hotel londinense en íntima compañía con Karan, el hijo mayor del maharajá  -a quién su padre obligó a casarse de inmediato; Karan fue el gran amor de Anita. Siguieron viéndose a escondidas después de abandonar la India: fugaces encuentros en Deauville, en Biarritz, en Londres, en París. Cuando murió el maharajá, poco después de la independencia de la India, en 1947, Franco quiso darle el pésame personalmente a aquella mujer fascinante. La historia fabulosa que comenzó a contarnos Ricardo Baroja, y que nos parecía increíble con Valle Inclán haciendo de barbuda celestina, termina de contárnosla Javier Moro en Pasión India, una novela verdadera, una minuciosa colección de asombros.

miércoles, 10 de junio de 2015

MONSIEUR PROUST DE CELESTE ALBARET

Monsieur Proust fue el libro con el que Celeste Albaret, el ama de llaves de Proust, desveló sus recuerdos del gran escritor. No es una crónica al uso, sino que además está revalorizada por el hecho de que lo que se cuenta coincide en fecha con la escritura de En Busca del Tiempo Perdido, por lo que su lectura está trufada con una multitud de claves reveladoras de las posibles dudas, interrogantes o despistes que nos pudo plantear en su día la compleja lectura de aquella novela o conjunto de novelas.

Siendo ya el único ocupante del piso del Boulevard Haussmann por la reciente muerte de sus padres, entró a su servicio Celeste Albaret con veintiún años y recién llegada del pueblo, empleo en el que permaneció durante los nueve años que transcurrieron hasta la muerte de Proust. Andaba entonces en busca de editor para el primer tomo de su novela: "De la parte de Swannn" y Celeste llegó a tiempo de vivir los roces con André Gide, editor a la sazón de la Nouvelle Revue Française, que con total falta de visión (se dice que no lo leyó) desaconsejó su publicación.

Proust consideró enseguida la presencia de Celeste como un hallazgo afortunado, sintonizando ambos a pesar de las diferencias de clase, educación y edad. Desde esa privilegiada posición se convierte en espectadora e incluso en parte activa de muchos resortes de la vida de Proust, el cual le dispensaba el trato propio de una sirvienta de confianza, pero también el de una confidente, lo que ella agradecía devolviendo la confianza depositada, con cariño, fidelidad y exquisita atención a las confidencias del escritor.

Cuando el lector comprende que se ha llegado a esa simbiosis entre ambos, se convence de la asimilación de las revelaciones que se hacen de la intimidad del escritor y el hombre. Esto, en el caso de cualquier otro famoso estaría muy bien, pero aquí no hablamos de otro cualquiera, sino de Marcel Proust, razón por la que el interés se multiplica exponencialmente en función de las particulares características de su personalidad y de su obra muy interrelacionadas ambas con las sensaciones que expresa su autobiográfico personaje deambulando entre sus amistades por las páginas de "A la recherche", por eso la clave de Monsieur Proust no reside solo en conocer detalles de su vida privada, sino también en pararse a observar como estos detalles de su cotidianeidad, definen en cierta manera el talante del autor y están tremendamente  vinculados a las situaciones y a los personajes de "En Busca de un Tiempo Perdido".

Su obsesión principal era su obra, ya que tenía el visionario presentimiento de que estaba predestinada al éxito; esta idea fue la que le dió la fuerza necesaria para aplicarse a la tarea abrumadora de culminarla. Esta certeza llama especialmente la atención en un escritor que a los treinta y cinco años apenas había escrito un par de libros de escasa repercusión. Sus métodos de trabajo nos revelan a un hombre que, influido por su enfermedad y sus dificultades para respirar, se había convertido en un auténtico maniático que prácticamente no comía y que sobrevivía en una habitación oscurecida y forrada de corcho, a  base de café y veronal (barbitúrico estimulante), trabajando incorporado en la cama por la noche y durmiendo por el día, régimen horario al que hubo de someterse Celeste.

A través de las confidencias que Proust le hace y que ella nos transmite, vemos como sacó sus personajes literarios de ciertas figuras de la realidad mundana que conoció, pero sometiéndoles al filtro de su criterio, analizándolos, dándoles forma y trabajándolos asiduamente, antes de trasladarlos al papel, de tal manera que en algunos casos eran casi irreconocibles, e incluso, en otros, eran una fusión de dos o tres personas diferentes.

Celeste se convirtió en el paño de lágrimas de las desventuras de Proust, en el espejo en el que reflejar sus alegrías y, en cualquier caso, en el atento, receptivo y colaborador oyente, al que hacerle partícipe de los chismes de su círculo de amistades, o de sus ideas sobre el carácter del personaje que estaba pergeñando en cada momento. En el libro, Celeste hace un esfuerzo por minimizar todo lo relativo a la homosexualidad de Proust (en su libro "Contra Sainte Beuve" se recoge un artículo en el que habla de los sentimientos de los homosexuales a los que denomina la raza maldita) de manera que uno no sabe bien hasta qué punto esta cuestión pudo tener una importancia vital en su vida. Y me hago esta pregunta porque la relación de Proust con el amor, fuera hombre o mujer la persona amada, debió ser o inexistente o marcada por el capricho y la voluptuosidad más que por el auténtico amor, y más aún en el mundillo claustrofóbico de los salones, en los que las intrigas y el cinismo eran moneda corriente y dónde él era un hombre  que solo era capaz de amarse a sí mismo, o mejor, a su obra, y por la ayuda que le prestó para terminarla, no dudo que también amó, por delegación, a la empleada que tan bien le comprendió.

Una obra excelente, en la que no se sabe muy bien si admirar la forma magistral en que está escrita o la materia  y detalles de los que trata.

martes, 2 de junio de 2015

EL ASOMBROSO VIAJE DE POMPONIO FLATO DE EDUARDO MENDOZA

Irreverentemente divertida, transgresora y sinvergüenza hasta la última letra de la última palabra. Cuesta imaginar esa mala idea en el rostro bondadoso del escritor. El Asombroso Viaje de Pomponio Flato es una novela corta que se lee en una tarde y que al finalizar te deja un rictus malévolo en la sonrisa. 

A excepción claro, del ácido que como una batería vieja, destila una vez consumida. Eduardo Mendoza, harto de escritores noveles de novelas históricas y thrillers al uso, ha intentado (con bastante éxito) reírse de todos nosotros, de los que escriben y de los que leen, y ha recreado una novela histórica con la única de las reliquias o misterios que hasta ahora nadie se había atrevido a utilizar: la familia de Jesús, o lo que es lo mismo, José, María, Juan Bautista, sus padres, María Magdalena, el evangelista Mateo e incluso el ínclito Judá Ben Hur, que también tiene lugar en esta parodia en la que solo faltan el ángel, el burro y el buey.

Mendoza hila una historia sin pies ni cabeza, al estilo del Laberinto de las Aceitunas, pero con menos gracia y muchísima más mala idea. No se conforma, sin embargo, con una crítica acertada y necesaria a la moda literaria del momento, sino que aprovecha su punzón envenenado para acometer contra todas las religiones en menos de doscientas páginas.

Sentencias como "no hay peor gente en el mundo que los judíos...Rudos, fieros, desconfiados, cerrados a la lógica, refractarios a cualquier influencia, andan enzarzados en perpetua guerra, unas veces contra enemigos externos, otras entre sí y siempre contra Roma... Creen en un solo dios convencidos de que la protección de su divinidad les daría siempre la victoria. De este modo sufrieron cautiverio en Egipto y Babilonia en repetidas ocasiones"  o de los árabes, que tampoco se salvan "Como están obligados a convivir los unos con los otros día y noche desde la infancia hasta la muerte, tienen por norma estricta evitar una familiaridad que con toda seguridad derivaría en conflicto y degeneraría en enemistad. Comen y duermen separadamente y cada vez que se dan por el culo se hacen mil reverencias y se interesan por la salud del otro". Nabateos, griegos, romanos e incluso las tribus bárbaras del norte de Europa tampoco escapan a esta especial mirada de Mendoza.

Es la novela más ferozmente divertida de Eduardo Mendoza. Las andanzas de un detective romano en el Nazaret del siglo I. Pomponio Flato viaja por los confines del Imperio romano en busca de unas aguas de efectos portentosos. El azar y la precariedad de su fortuna lo llevan a Nazaret donde va a ser ejecutado el carpintero del pueblo, convicto  del brutal asesinato de un rico ciudadano Muy a su pesar, Pomponio se ve inmerso en la solución del crimen  y contratado por el más extraordinario de los clientes: el hijo del carpintero, un niño candoroso y singular, convencido de la inocencia de su padre, hombre en apariencia pacífico y taciturno, que oculta, sin embargo, un gran secreto. Cruce de novela histórica, novela policíaca, hagiografía y parodia de todas ellas, aquí se ajustan las cuentas a muchas novelas de consumo y se construye una nueva modalidad del género más característica de Eduardo Mendoza: la trama detectivesca original e irónica que desemboca en una sátira literaria y en una desternillante creación novelesca. Novela breve, disparatada y divertida. Probablemente la novela más divertida de Eduardo Mendoza. Protagonizada por un detective desastroso como en el Misterio de la Cripta Embrujada, El Laberinto de las Aceitunas y La Aventura del tocador de Señoras.

Está cargada de personajes que hacen sonrojar o reír y de la magia de la narrativa cómica del autor, tantas veces imitada y nunca alcanzada. Ha huido esta vez Mendoza de sus parajes barceloneses que tan bien ha retratado y conoce, para darnos unas horas de entretenimiento de alta calidad. Eduardo Mendoza es quizás el mejor escritor actual en lengua española.

martes, 26 de mayo de 2015

MAURICIO O LAS ELECCIONES PRIMARIAS DE EDUARDO MENDOZA

No hay en la nueva novela de Eduardo Mendoza el énfasis paródico de novelas anteriores, excepto la que publicó hace unos diez años, una Comedia Ligera. La maquinaria de Mendoza tiene filos cortantes para la radiografía social. Para el retrato de familia social el mismo filo no hiende menos. 

El trabajo paródico de largo aliento invade novelas que de no ser por ello (por la parodia) quedarían en meros retablos epocales y costumbristas. Eso va desde El Caso Salvolta hasta Una Comedia Ligera. Se ha insistido mucho en esta vertiente en la narrativa del escritor catalán, una vertiente que bien podríamos llamar carnavalesca: acotar un segmento histórico, encerrar en él varios exponentes de clases sociales limítrofes o enfrentadas y someterlo, bajo el prisma de un héroe prototípico, a un refinadísimo proceso de ironización. A veces se insiste demasiado en el costado paródico de su obra. Y ello en detrimento de la dosis no menos delicada y refinada de dibujos psicológicos, como sucede en El Año del Diluvio, de cuadros de caracteres y emociones cercanas y reconocibles por el lector, como sucede en La Isla Inaudita. 

El riesgo de las propuestas paródicas consiste en un distanciamiento de la materia parodiada casi ingobernable, dónde es imposible prometer algo parecido a una humanidad de carne y hueso. No han faltado estudiosos que reprochan a Eduardo Mendoza trabajar sobre áreas de vacío histórico, como si la historia con mayúscula no tuviera sujeto, como si este vacío no aceptara sujetos o personajes introspectivos. 

Tildan incluso de amaneramientos sus mezclas de géneros, malabarismos posmodernos. Yo creo que la humanidad está en todas las novelas de Mendoza. En una novela tan laberíntica como es la Isla Inaudita, es imposible no ver la historia de amor excelentemente contada y que tanto contagia. Yo creo que lo que suele molestar (aunque ello no impida a la vez una indisimulada admiración) es esa especie de frialdad o ligereza metódica que emplea el autor en sus historias. Probablemente los lectores en Mauricio o las Elecciones Primarias redescubran a un Mendoza distinto, aunque con sus constantes estéticas, distinto en la concentración de la materia emotiva que maneja y que tan sobresaliente resultado le ha deparado. 

Dos segmentos se entrecruzan en la novela. Uno es el histórico-social y el otro un sublimado cuadro intimista. Ambos se alimentan dialécticamente. En el sentido que dialogan. Esta estructura es proverbial de Mendoza. Pero a mí me parece que ha querido privilegiar el segundo nivel: una historia de amor cuyo norte no es otro que la conciencia compartida en la fragilidad humana, el dolor y la piedad. Narrada en tercera persona, la voz omnisciente sigue las peripecias rutinarias de su héroe Mauricio, las sigue con esa libertad largamente barojiana para liberar a sus criaturas al albur del destino y de sus propias decisiones, parezcan éstas equivocadas o no. El segmento histórico abarca la segunda legislatura de Jordi Pujol (en el gobierno autónomo de la Generalitat de de Cataluña) y la adjudicación a Barcelona de la sede de los Juegos Olímpicos de 1992.

El saldo ideológico no es esperanzador. Algo así como si el ejercicio de la política no fuera acompañado de un mínimo deber de ejercicio ético. Y sin embargo, o por ello mismo, la historia del autor levanta vuelo no en los escalones altos de la macropolítica, sino en los peldaños inferiores de la vida cotidiana. Mauricio es un dentista (la elección de la profesión del protagonista no podía ser más sintomática, toda vez que su actuación humana  y civil contrasta irónicamente con la actuación que se le supone a quien ha elegido una profesión tan  bien remunerada) que asume su existencia con una única moral (lo contrario, por supuesto, de la doble moral): no desmentirse a sí mismo. Pero Mauricio es un héroe que se agiganta, en su monótona insignificancia, en la medida en que traba perfectamente con sus dos compañeras de reparto: Clotilde y la Porritos. Las dos mujeres, los dos amores del rutinario Mauricio, metaforizan dos clases sociales y dos maneras de sobrevivir en el mundo.

La relación del protagnista con la Porritos creo que es una de las mejores parejas dramáticas de la narrativa española de los últimos años. Hay otra variable de no menor importancia y enjundia en esta novela: el humor. También constante en su narrativa, pero nunca como en esta novela jugando un papel tan balsámico y liberador, dada la materia de grave introspección en que se mueven los personajes. El diseño de los diálogos, el contorno en algunos momentos esperpéntico de algunos personajes secundarios, como en las novelas de Pío Baroja hacen imposible disimular la risa. Mendoza es un maestro para introducir una risotada en medio de una escena que no la haría sospechar. Las disgresiones morales sobre la práctica política  en algunos momentos tienden al tono sentencioso, pero nunca entorpecen ese luminoso poso de tristeza generacional en que a la postre se convierte esta excelentemente construida historia de nuestro tiempo.