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lunes, 9 de mayo de 2016

LA BIBLIA DE BARRO DE JULIA NAVARRO

Julia Navarro se ha convertido en una de las escritoras de habla hispana con más éxito en los últimos tiempos. Esta es su segunda novela después de La Hermandad de la Sábana Santa y realmente me ha sorprendido gratamente.

Es que la autora se maneja bien con los tiempos y genera suspenso, sin nada que envidar a los especialistas del género. Me atrajo el nombre, La Biblia de Barro, pensando que me iba a encontrar con una novela histórica, pero me hallé inmersa en una novela de intriga y espionaje con buen ritmo y acción.

La historia tiene la vivencia de transcurrir en un pasado reciente en Irak, en los meses previos a la invasión norteamericana a este país. La novela está centrada en un grupo de arqueólogos que convencidos de haber hallado el lugar donde estarían las legendarias tablillas que estarían escritas por el propio Abraham bíblico, emprenden una carrera contra reloj excavando y recuperando tesoros arqueológicos antes de que estalle el inminente conflicto bélico.

Básicamente la novela relata la historia de cuatro amigos supervivientes al holocausto, los cuales hacen un pacto de venganza y por casualidad descubren que el arqueólogo que está tras las excavaciones es un exmiembro de la SS nazi al que habían jurado matar. Este es parte de una organización formada por antiguos camaradas y que se ha hecho rica robando y traficando piezas arqueológicas de los museos.

La novela es un poco larga, sobre todo al principio, con demasiados personajes, lo cal la hace un poco confusa en su trama. No hay un típico héroe con quien sentirse identificado, sólo hombres corruptos, asesinos a sueldo y víctimas de las circunstancias, por lo que se hace difícil tomar parte por un grupo o por el otro. La autora tampoco se priva de hacer algunas consideraciones políticas a través de sus personajes, sobre todo de los periodistas que cubren la guerra. Esto me parece innecesario y no hace más que estirar la novela más allá de lo aconsejable.

Hay una parte dónde se relatan los horrores sufridos por los protagonistas en un campo de concentración en la segunda guerra mundial, que me parecen de una crueldad extrema y que no aportan nada a la trama; se podrían haber obviado o por lo menos haberlos suavizado.

Seguramente es la forma que eligió la autora para justificar el odio a pesar del paso de los años. En resúmen, me pareció creíble y con buen ritmo y abre una puerta de expectativa a sus próximas obras.

jueves, 17 de marzo de 2016

HISTORIA DE UN CANALLA DE JULIA NAVARRO

Esta novela supone un audaz cambio de registro de Julia Navarro que sorprenderá a sus lectores habituales. Historia de un Canalla es una implacable indagación de la condición humana que refleja con maestría la ambición, la codicia y el egoísmo del ser humano. En este sentido podríamos decir que estamos ante la novela más psicológica de Julia Navarro.

Es también una novela actual, urbana y cosmopolita, ambientada entre Nueva York y Londres, con un par de breves incursiones en España. La trama se sustenta sobre dos ejes como telón de fondo: el mundo de la comunicación y el de la política. Las sombras del poder, los hilos que se mueven para conseguir los objetivos políticos a cualquier precio y la relación de dependencia entre el periodismo y la política son algunos de los principales temas del libro.

Impactante y desgarradora, la narración de Thomas Spencer de los momentos que le llevaron a triunfar como publicista y asesor de imagen, desde los años ochenta hasta la actualidad. Describe con gran acierto y sobrecogedor realismo los turbios mecanismos de los que se sirve el poder, así como el sofisticado escenario que las grandes fortunas y los medios de comunicación ponen al servicio de los políticos, en ocasiones simples actores en una representación escrita por otros. Una narración absorbente por la que desfila todo el esplendor y la miseria de una época, al tiempo que desnuda la verdadera esencia de quienes manejan los hilos de nuestras vidas.

La impúdica confesión de Thomas Spencer interpela al lector sin tregua y nos obliga a ver la naturaleza del poder en toda su crudeza a través de la historia del mayor de los canallas. Historia de un Canalla narra la vida del protagonista desde su infancia hasta su madurez. Thomas es un canalla en el estricto sentido de la palabra, una persona mala, mezquina, con rasgos casi psicopáticos que intentará hacer todo lo posible y lo imposible para conseguir todo aquello que se le antoja.

El presente libro es, ante todo, una obra original y arriesgada que se estructura en cuatro partes: infancia, juventud, madurez y declive. Junto al protagonista Navarro nos presenta a un buen número de personajes secundarios que permiten al lector contrarrestar la antipatía que puede llegar a sentir por el villlano Thomas Spencer, malo malísimo dónde los haya. Esther, Yoko, Blanca...Las mujeres son, a mi juicio, el punto débil de la obra de Julia Navarro. Y es que, si  bien permiten al lector desarrollar la empatía que no puede sentir hacia el personaje principal, les falta un poco de garra para hacer frente al malvado Thomas. ¿Cómo pueden estas mujeres seguir con ese hombre después de todo lo que hace? En algunos casos, supongo que es inevitable, pero en otros no logro entenderlo. Aún así, el espectro de secundarios es amplio y muy variado, lo que dota de un mayor dinamismo a la trama.

Navarro aprovecha los viajes del protagonista a tierras ibéricas para exponer su visión de los españoles y su forma de vivir la vida, presentando la capital de nuestro país como la ciudad cosmopolita e insomne que es. Quizá el gran pero de la historia son los altibajos de una trama que se presenta tremendamente dinámica y adictiva en los primeros capítulos y que va perdiendo fuelle ligeramente en el  último tercio del libro. Afortunadamente este ritmo irregular se compensa en gran medida con la pluma elegante y pulcra de la escritora quien, a través de diálogos ingeniosos y descripciones visuales y precisas, sabe llegar al lector y meterlo de lleno en la trama que, sin duda alguna no le habrá resultado nada fácil de crear.

Historia de un Canalla es una novela de personajes de manual. La autora juega inteligentemente con el lenguaje para describir los pensamientos y apuntes psicológicos de los personajes. Por ejemplo, para reforzar la paranoia de Thomas en los capítulos finales, abusa de las repeticiones tanto de ideas como de construcciones sintácticas.

En resúmen, Historia de un Canalla es una entretenida novela sobre la maldad y la condición humana, en la que juegan un papel fundamental la política y la comunicación. Aunque la novela pierde intensidad hacia el final, gracias al correctísimo estilo de Julia Navarro y a sus ingeniosos diálogos, el lector podrá disfrutar de una historia original y muy diferente de lo que la literatura española actual nos tiene acostumbrados. Totalmente recomendable.

miércoles, 9 de marzo de 2016

MELOCOTONES HELADOS DE ESPIDO FREIRE

Melocotones Helados ganó el Premio Planeta 1999. Entonces se recalcó mucho que el premio caía en una mujer que además era joven. Enarbolar este argumento como si estuviéramos en la época de Nada fue un tanto penoso pero tal vez comercialmente eficaz.

En cambio, la constelación propagandística puede nublar la consideración del valor literario de la obra y ser, por tanto, perjudicial. Quizá hubiera sido mejor esperar a que la niebla se disipase y separar la obra de su acompañamiento de timbales.

Digamos antes que nada que Melocotones Helados es una novela digna, en general  bien construida, que revela una notable ambición artística. Se entrelazan en ella varias historias en torno a una familia que se extienden casi a la manera decimonónica, a lo largo de varias décadas: la misteriosa desaparición de la niña Elsa a los nueve años; la vida del abuelo Esteban -que en cierto modo abarca la de los demás- desde su juventud, marcada por la relación con Silvia Kodama, hasta su vejez ensimismada; las historias, que en algún momento confluyen, de las dos primas Elsa grande y Elsa pequeña, víctima esta última de una implacable secta llamada Orden del Grial, cuyos miembros "defendían unas creencias místicas y una vida de guerreros" y además atentaban contra los bienes de los que consideraban enemigos -quemaban sus casas o sus negocias, propinaban palizas, mataban-.

Hay también otra línea argumental sostenida, que comienza con los anónimos amenazadores que recibe Elsa grande y desemboca en la feroz venganza contra Elsa pequeña llevada a cabo por los violentos adeptos del Grial.

Todas estas historias, junto a otras más desdibujadas, se encierran en diez capítulos y un epílogo. La segmentación de cada capítulo en numerosas secuencias permite fragmentar la historia en momentos y etapas diferentes, de modo que la narración rompe el orden cronológico y la linealidad del relato con saltos temporales que tratan de producir en el lector la sensación de que su mirada recoge al mismo tiempo y tiene presente, como en una gigantesca panorámica, el medio siglo de vida que comprende la novela. Así, la primera secuencia del capítulo inicial recuerda elusivamente la desaparición de la niña Elsa, mientras que la segunda narra la llegada de Elsa grande -muchísimos años después- a la casa del abuelo en Duino, y la tercera vuelve atrás, a la llegada en Desrein de las primeras cartas amenazadoras que provocarán la marcha de Elsa. La cuarta secuencia comienza con la determinación "dos meses antes", y existen saltos en un sentido y otro más bruscos aún. Esta técnica comporta algunas repeticiones deliberadas que, a la manera de estribillos, cumplen funciones mnemotécnicas y de enlace, como nexos que ayudan a relacionar secuencias distantes a fin de que no se pierda el hilo de la narración.

En general, la trama constructiva es sólida, aunque haya desequilibrios en la selección de las informaciones y del material narrativo. Algunos hechos tienen una sobrecarga de datos cuya necesidad no se advierte, mientras que otros se resuelven de modo más esquemático. Todo lo referente a la Orden del Grial -con el acertadísimo escamoteo de su desenlace, es tan cauteloso y elusivo que el lector puede interpretarlo como intencionada parábola de la actualidad -a lo que ayudan factores como los topónimos imaginarios: Duino, Lorda, Desrein, Virto- o de modo más directo y literal. De hecho, hay pasajes que invitan a una lectura entre líneas. La historia de Desrein, por ejemplo,  convierte el lugar en un microcosmos, en representación de todo un país.

En el lado contrario, numerosas escenas tienen todavía cierto regusto costumbrista, y los personajes -el abuelo, Silvia, Antonia, la tata y otros- resultan previsibles porque su tratamiento no es suficiente para hacerles sobrepasar la barrera de lo convencional. Tan sólo Elsa grande y su amiga Blanca -y, en menor proporción un tipo secundario como César- se destacan entre un conjunto de siluetas borrosas. La construcción del relato, medida y de ritmo dosificado, es muy superior a la creación de personajes, que se resienten de cierta superficialidad. El estilo de Espido Freire, que exhibe de vez en cuando matices poemáticos -confróntense la apertura y el cierre de la novela, sin más- será más eficaz cuando pode cierta frondosidad de elementos no esenciales y transmita más decididamente su percepción de la historia. De momento esta novela permite concederle un amplio crédito.

La prosa de Espido Freire se encuentra muy por encima de la calidad media habitual, aunque la obra contenga algunos lugares que convendría extirpar. Son descuidos o usos poco recomendables que disuenan en un conjunto como éste: "Había escondido sus hábitos por demasiado tiempo", "echó a faltar a su guía", "se había dignado a escribir", "por lo normal ella caminaba en silencio".  Pocas caídas y leves, para una novela extensa y bien escrita.

viernes, 19 de febrero de 2016

LOS BESOS EN EL PAN DE ALMUDENA GRANDES

Tras cinco años de saturación  informativa sobre la crisis novelarla conlleva ciertos riesgos. Más si se pretende ofrecer un amplio panorama de ella y el tratamiento formal responde a las premisas del social realismo. Almudena Grandes nunca fue ajena a la concepción de la novela como crónica histórica y épica menor, especialmente en el reciente ciclo de los Episodios de una Guerra Interminable, pero ahora se aparta provisionalmente de ese marco y se detiene a mirar el presente. En su nueva novela Los Besos en el Pan, narra las historias de una apretada gavilla de gentes que habitan un barrio del centro de Madrid. 

A modo de pórtico se presentan las grandes coordenadas de ese espacio con figuras, así como las grietas abiertas recientemente. También se explica allí el propósito y el enfoque que amarran estas páginas, a modo de un directo alegato contra el olvido impuesto, contra el miedo paralizante, y a favor de recuperar la rabia y la dignidad perdidas.

Los Besos en el Pan es una novela coral, llena de noticias de aquí y ahora, que como en un gran fresco, pinta un año en la vida de estas gentes que se reparten en tres generaciones, ofreciendo así el contraste del tiempo.  En su mayoría pertenecen a las clases medias y populares, con predominio de las figuras femeninas y perfiles que permiten a la autora desarrollar sucesos o situaciones representativas: el hambre infantil en las aulas, desde la maestra Sofía Salgado, el desmantelamiento de la Sanidad Pública desde la ginecóloga Diana y sus compañeros, las estafas bancarias (hipotecas o preferentes) desde el arquitecto técnico Sebastián o el joven Toni, la amenaza de las competidoras chinas explotadas por las mafias desde la peluquera Amalia, la tentación yihadista de Ahmed desde la miseria y la desesperación en que vive su familia....Hay además periodistas, policías, emigrantes de variadas procedencia, adolescentes combativos, universitarios, amas de casa, una asistenta, parados de larga duración....

La ligazón entre las numerosas piezas de este puzle está muy bien resuelta a partir de los lazos familiares, la amistad, las relaciones laborales o la frecuentación de espacios como el bar, la peluquería o el edificio ocupado, si bien más de un percance o situación se fía en exceso a la casualidad y la coincidencia.

Como es una novela que avanza en superficie, ramificándose la ley del suma y sigue rige un relato dónde no todas las ramas tienen el mismo alcance ni el mismo peso. En rigor no hay personajes, sólo tipos representativos; y algunos sólo están para añadir otra nota a un friso más vasto que profundo. De los enfocados en primer plano, eso sí, sabemos bastante, porque en Los Besos en el Pan predomina lo contado frente a lo representado o propiamente novelado.

Es ante todo el narrador quien nos explica las pulsiones, problemas, caprichos, gustos, rencillas, afectos, temores... de estas figuras. Y aunque hay bastantes escenas dialogadas falta tensión en el lenguaje y variedad de registros. La crítica o denuncia se apoya más en la descalificación directa, el melodrama y el énfasis, que en otros posibles recursos, no necesariamente más complejos pero sí más elaborados y sutiles. 

Por otra parte, la voluntad de trasladar al relato una referencia moral y una función social paga su tributo al maniqueísmo. Casi todos los "protagonistas" son buena gente, muy comprometida; perversos como el corrupto Juan Francisco González entran en escena sólo de refilón; y los que no resultan demasiado ejemplares (un viejo militar, una burguesita ociosa, cotilla y compradora compulsiva) acaban por tomar conciencia y enmendarse, de acuerdo con una línea narrativa y un discurso dónde el mensaje es siempre palmario.

Lectura entretenida, que celebrarán quienes gusten de ver en una novela lo que está a la vista y ellos ya conocen. Más si coincide con la vida propia. O con sus opiniones. 

viernes, 22 de enero de 2016

LA SOMBRA DEL EUNUCO DE JAUME CABRÉ

Jaume Cabré definió la Sombra del Eunuco como un ejercicio de lucidez. El protagonista, Miguel Gensana, un hombre que roza los cincuenta, se plantea si tiene sentido lo que ha hecho durante su vida. Toda la novela transcurre durante una cena con una chica, precisamene en la casa solariega de su familia, en Feixes, ahora transformada en restaurante. Y es a lo largo de esta cena que Miguel Gensana se plantea "en qué momento se había agrietado su vida", y hace todo un ejercicio de lucidez a la hora de revisar su pasado.

Miguel Gensana pertenece a la generación que vivió la militancia política de los años sesenta, y luchó contra el franquismo, que vivió la clandestinidad. Ahora, después de la transición y ya desde la democracia, la distancia permite una mirada irónica de aquella realidad. 

Profundamente insatisfecho, y con una mirada eternamente triste, Gensana es también un personaje enamoradizo, que no acaba de desenvolverse bien con las mujeres. Podría redimirse a través del arte, pero siente la frustración de quien no es creador, sino sólo crítico. El querría ser el poeta, el novelista, el músico..."el artista" criticado, pero se siente perennemente estéril porque "cuando mira atrás, el crítico ve la sombra del eunuco".

Cabré se plantea la construcción de un universo, de todo un mundo. Es una novela total (precisamente la palabra "todo" abre y cierra la narración). La evocación del pasado (la única cosa que poseemos con seguridad", según la cita de Evelyn Waugh que encabeza el libro) del protagonista enlaza con la narración de las historias de otros personajes de su estirpe, de la que destaca un tierno, sensible y reiteradamente decepcionado tío Maurici. Un par de árboles genealógicos, uno oficial y otro de "verdadero, desconocido y cierto" de la familia Gensana (el apellido también recuerda a la genética), ayudan al lector a no perderse entre la profusión de tramas, conflictos y nombres. 

El protagonista, que como dato curioso, nació el mismo día, el mismo mes y el mismo año que el autor, es el último de la estirpe: con él acaba la casta y el hecho de que la cena se suceda en la antigua casa familiar, ahora convertida en restaurante, es también un símbolo de esta extinción.

Los personajes de la familia, especialmente Miguel y Maurici, van adquiriendo diferentes sobrenombres y motivos, en función de los acontecimientos que viven y de la forma como actúan, como si de reyes medievales se tratara. Miguel Gensana pasa a ser, sucesivamente, Miguel II Gensana el Indeciso, Miguel II Gensana el Intelectual, Miguel Che Gensana, Miguel Marlowe Gensana, Miguel II Gensana el Catecúmeno, San Miguel Gensana, el Comunista de Origen Cristiano, Miguel II Robin Hood Gensana, Miguel II Gensana Sobrino-Nieto, Miguel II Gensana el Apóstol de la Ortodoxia, Miguel II Gensana Liberado de Toda Carga Fatigosa Excepto la del Recuerdo, Miguel II Gensana el Hijo Pródigo, Herr Michael Gensana, doktor in Freundschaff por Heidelberg, entre muchos otros. De este modo, los diferentes bautizos del personaje afilian a una generación "que se ha hecho a golpes de apostasía".

Esta novela, una forma de hacer música con palabras, es una mímesis del concierto para violín y orquesta de Aban Berg, que acabó dos meses antes de morir, precisamente a los cincuenta años, el verano de 1935. Está dedicado "a la memoria de un ángel", título de la segunda parte de la novela. (El título de la primera parte, "El secreto del aoristo", de referencias gramaticales, nos adentra rápidamente en el pasado). 

Cierta aspereza estilística que se puede encontrar en la novela evoca al pantonalismo. En la Sombra del Eunuco, Cabré inaugura una nueva forma de narrar: el uso de la primera y la tercera personas narrativas en la misma oración. Como en una especie de zoom, el narrador se acerca más o menos al personaje en función de la persona narrativa a escogida. Pero la originalidad de la forma narrativa va acompañada de un extraordinario dominio del lenguaje, con múltiples referencias poéticas y musicales.

Los diferentes registros, coherentes siempre con el personaje y la situación (como el catalán de algún miembro de la resistencia o el prenormativo del antepasado poeta), enriquecen una espléndida novela sobre el arte, sobre la música, sobre la existencia.

jueves, 21 de enero de 2016

LA ISLA DE ALICE DE DANIEL SANCHEZ ARÉVALO

Daniel Sánchez Arévalo, autor finalista al Premio Planeta 2015 por su libro La Isla de Alice es director, guionista y productor. Empezó en el mundo del guión pero pronto se pasó al cortometraje con títulos como Gol! (2002), Express (2003) o Profilasis (2003). En 2006 dirigió su primer largo Azuloscurocasinegro con el que ganó tres Goya. Después vendrían Gordos (2009), que tuvo ocho nominaciones en los Goya, Primos (2010) y La Gran Familia Española (2012).

La Isla de Alice se presenta como un trabajo que oscila entre el thriller y el viaje emocional, una historia de superación que se convierte en un relato de personajes caracterizado por una gran peripecia. Según el autor éste era un proyecto de escritura que le había llevado seis años y que le había permitido liberar muchos de sus demonios. Según él el premio era una especie de  bienvenida al mundo literario. 

Intimista, divertido y dramático, como en muchas de sus películas, el autor hace a través de una protagonista femenina como Alice, un retrato fiel de la sociedad americana.

"Había hecho todo lo contrario de lo que hay que hacer en una circunstancia semejante. Cuando caes al mar sin nada a la que aferrarte. Hay que tumbarse  boca arriba y flotar, sin malgastar energía. Y yo había estado chapoteando en el agua, desesperada por mantenerme a flote, y me había quedado sin fuerzas. Mi cuerpo empieza a a pesar demasiado". 

La novela está narrada en primera persona por una protagonista llena de matices, irreverente consigo misma,  valiente pero también asustadiza, dispuesta a todo por descubrir la  verdad y al mismo tiempo temerosa por descubrirla.

Cuando Chris muere en un accidente de coche sospechosamente lejos de dónde debería estar, la vida de su mujer, Alice, con una niña de seis años y otra en camino, se desmorona. Obsesionada por saber de dónde venía su marido, comienza una persecución de sus movimientos a través de las cámaras de vigilancia de los lugares por los que pasó, Así llega a Robin Island, una isla de la que nunca había oído hablar. Decide seguir adelante y averiguar por qué y para qué viajaba su esposo a esa isla perdida.

A pesar de tener miedo de descubrir unos hechos que pueden hacerle mucho daño, Alice decide lanzarse a una búsqueda que conllevará muchos cambios. Iniciará una labor detectivesca que va a implicar a un gran número de habitantes de la isla. Utilizando todo tipo de artimañas se entregará a cuidar de sus hijas y a descubrir el misterio que oculta la isla.

"Allí estaban todos juntos arracimados. Todas las piezas revueltas del mapa de mi tesoro. ¿Qué serían trescientas, cuatrocientas vidas por descifrar?"

Poco a poco y en su afán por descubrir el secreto de Chris, Alice empieza a controlar a los pocos habitantes de aquel paradisíaco espacio, y sin quererlo se convierte en su guardián. Es el  vigía que se preocupa por sus vigilados e incluso los salva de sí mismos en más de una ocasión.

Porque Alice va conociendo todos los secretos de sus vecinos, desde las peleas maritales hasta el alcoholismo. Lo que comienza siendo una historia de intriga acaba convirtiéndose en una historia de amor o de amores, porque hay amor de muchas clases entre estas páginas.

HOMBRES DESNUDOS DE ALICIA GIMENEZ BARTLETT

Hombres Desnudos sigue los pasos de dos personajes. Por un lado Irene, una mujer al frente de una empresa heredada de su padre, que ha acusado los efectos de la mala situación del país, recibe a su marido, abogado que trabaja para ella, que le explica que quiere romper con el matrimonio tras haber iniciado otra relación con una mujer más joven.

De forma paralela, Javier, profesor de Literatura de refuerzo en un centro educativo es puesto de patitas en la calle por las monjas que lo dirigen. Mientras se alarga el tiempo que pasa en el paro, se estropea cada vez más la relación con su pareja, que continúa en su puesto laboral. Cuando Iván, un chico del extrarradio que trabaja como stripper al que acaba de conocer, le propone que trabaje con él, inmediatamente se niega. Pero después reconsiderará su decisión.

El encuentro entre Irene y Javier tendrá trágicas consecuencias. El desenlace es inesperado.

Se trata de una novela de peso, bien construida, con un lenguaje dinámico, escrita a base de monólogos de los personajes. Lo que ocurre se conoce en una primera persona a través de los pensamientos de los dos protagonistas, Irene y Javier, pero también intervienen los personajes secundarios, de forma brusca, sin ningún tipo de advertencia, lo que no supone ni de lejos que el lector se vaya a perder.

Con esta técnica Alicia Giménez Bartlett demuestra tener una enorme capacidad de observación, pues resultan bastante creíbles todos los personajes que intervienen. Sobre todo se luce con el lenguaje de los mismos, aunque pertenezcan a distintas clases sociales. La filóloga de formación capta sobre todo muy bien la forma de hablar de los que son de clase alta, que mezclan vocablos cultos con expresiones de la calle, para hacerse los modernos.

Llega la novela en el momento justo, pues estudia la España posterior a la crisis, cuando las consecuencias económicas han producido cambios de mentalidad que se creían imposibles. Los mismos afectados se sienten extraños cuando se dan cuenta de que su idealismo, que creían inmutable, ha desaparecido por una cuestión de necesidad.

Pero Hombres Desnudos aporta sobre todo una inteligente reflexión sobre la situación actual de una sociedad que parece haber conquistado (con algunos puntos pendientes) la igualdad entre géneros, pero que a cambio vive un momento de desorientación tanto de hombres como de mujeres. Por eso una empresaria que además atraviesa una decadencia económica, no encaja bien haber sido abandonada, no sabe cómo reaccionar. Y un profesor de Literatura, hasta entonces progresista, desarrolla cierto complejo de mantenido, y acaba dando al traste con una relación que parecía ideal.

Tanto a ellos como a ellas les  vendrá bien pensar sobre estos temas durante la lectura de la novela. Sorprende continuamente con algunos hallazgos, por lo que resulta bastante grata.

jueves, 1 de octubre de 2015

ORQUÍDEAS NEGRAS DE JUAN BOLEA

Juan Bolea ha publicado diversas novelas, entre ellas podemos destacar: Los Hermanos de la Costa, 2005, La Mariposa de Obsidiana, 2006. Crímenes para una Exposición, 2007, Un Asesino Irresistible, 2009, Orquídeas Negras, 2010, La Melancolía de los Hombres Pájaro 2011, Pálido Monstruo, 2012 y el Oro de los Jíbaros 2013.

Cuando el vulcanólogo Ricardo Dax llega a la isla de El Hierro buscando un lugar lo más cercano al fín del mundo para escapar de la tragedia que lo acosa, no puede imaginar que está a punto de encontrarse con su destino: Puerto, una mujer turbadora y frágil que le arrastrará a un torbellino de pasión y muerte. Ricardo se encuentra desarrollando una misión confidencial, relativa a la elaboración del mapa sísmico del archipiélago canario y a sus probables riesgos: terremotos, tsunamis, nuevas erupciones volcánicas. Al principio es enviado unas semanas a La Palma, pero cumplidas las primeras fases de su misión, debe volar hacia El Hierro, isla en la que nunca ha estado. Allí Ricardo debe sustituir en la Sub estación a Rubén Olmo Seco metereólogo que ha tenido un accidente y está de baja. 

La estancia del joven vulcanólogo no tiene una duración establecida pero lo más seguro es que deba permanecer en la isla hasta entrado el otoño y ¡quién sabe! incluso celebrar allí el nuevo año 2010. La misión es muy interesante para Ricardo a nivel profesional, pero también en el personal, porque uno de los motivos de Dax para aceptar ha sido olvidar la muerte de su novia durante las Navidades anteriores en un accidente de moto. En El Hierro le espera Perdigón (Pepico) el guía local, que le ha buscado hospedaje, se instalaría en La Colonia, un retiro para científicos, más allá del Golfo, junto a la Montaña del Hombre Muerto, aunque la zona es solitaria (sólo tiene dos vecinos) a Ricardo le atrae la cabaña pequeña y limpia y la mezcla de soledad y naturaleza es lo que necesita en esos momentos. Tal vez sea complicado encontrar víveres o acercarse a las otras partes de la isla sin trasporte, pero, sin planteárselo mucho Dax decide quedarse en la Colonia. Pronto conoce a Fayen, un artista que se encuentra en El Hierro esculpiendo un homenaje a los antepasados bimbaches y al bosque de árboles de lava, y más tarde al profesor Abel Lambergis (su otro vecino) encargado de estudiar el lagarto de El Hierro, una especie en peligro de extinción.

Pero el encuentro que verdaderamente impresiona a Ricardo y va a cambiar su vida es el que tiene con Puerto, la hermosa e inquietante esposa del famoso director de cine Leo Cosmo. A través de ella Dax no sólo conoce al excéntrico director, sino a todos los que trabajan con él: el antiguo productor Pablo Ledesma, uno de los más destacados del país, la famosa actriz Francisca Embid, al conocido por sus papeles de Drácula y Frankenstein, Eulogio Morán; todos viven con Leo y Puerto y todos trabajan como criados para la pareja.

La atmósfera en la casa es irrespirable, la relación entre el matrimonio alcanza niveles insoportables y Leo se comporta con todos como un auténtico tirano, tal vez porque ha puesto muchas esperanzas en su nueva película y no acaba de encontrar la actriz idónea para su papel de Desdémona, o cuando parece encontrarla la matan...Dax podría alejarse si quisiera de esta claustrofóbica situación, pero no puede porque se ha enamorado de Puerto.

La novela parece mejor que Pálido Monstruo (cosa que tampoco es muy difícil) y el final sorprende porque no es el que se espera, pero no alcanza el nivel de otras novelas de Juan Bolea. Los personajes, salvo Leo Cosmo y Puerto son prácticamente planos. No consigo de ninguna manera simpatizar con Dax porque no es creíble el dolor por su novia, ni su amor por Puerto. No se siente como a una persona sino como a un personaje de cartón piedra. Tampoco me convencen ni Fagen ni el profesor Lambergis ya que son muy estereotipados.

El escenario de El Hierro que es el principal, aunque hay una parte de un capítulo situada en Madrid y otro en Bahía Drake (Costa Rica), no parece que se haya aprovechado mucho por su condición de isla pequeña y claustrofóbica. Es verdad que el ambiente de la novela se hace irrespirable, pero son algunos de los personajes quienes consiguen esa sensación que lo mismo podría darse en una ciudad de la península o en otro país.

Y por último, la trama, una historia bastante sosa que sólo se redime por el impresionante final.

martes, 8 de septiembre de 2015

LA NOVELA DE REBECA DE MIKEL ALVIRA

La Novela de Rebeca nos presenta a Simón Lugar, un afamado escritor de best sellers con obras reconocidas internacionalmente, que sin embargo, está pasando por un período de falta de inspiración, mientras intenta crear la que se va a convertir en su primera novela negra. Pero todo cambia cuando Simón se cruza una mañana en la playa con una joven desconocida, que desde ese momento comienza a obsesionarle, pero también comienza a servirle para que el don de la escritura vuelva a despertar en él. Pronto esos encuentros esporádicos se convertirán en habituales y nacerá una sincera amistad entre Simón y la joven Eme, quien se convierte en la lectora de su obra, La Novela de Rebeca, dónde los crímenes se sucederán sin que la policía pueda ser capaz de atrapar al asesino.

Leer La Novela de Rebeca es enfrentarte a una lectura absolutamente original y novedosa, una apuesta arriesgada por parte de Mikel Alvira que se la juega con el planteamiento casi malabarista que realiza en este libro y del que no sólo sale airoso sino que lo hace de forma triunfal, pues ha escrito una novela que se va convirtiendo en un laberinto en el que el lector, cual Teseo, tendrá que ir desentrañando no una, sino dos historias, ya que La Novela de Rebeca nos cuenta la trama de Simón Lugar, el escritor, pero también nos cuenta la propia novela a la que este está dando forma y que se convierte en una trama tan potente e importante del libro como la primera, llegando un momento en el que no se entienden la primera sin la otra. Además Mikel Alvira no escribe sólo una novela negra sin más, sino que hay un trasfondo social importante en ella: acoso escolar, discriminación social, prejuicios entre clases sociales, la soledad auto impuesta y elegida frente al miedo al daño que los demás nos puedan causar.

Escrita con un estilo ágil y fuerte, el autor realiza cambios en el ritmo de la novela según nos enfrentamos a las partes protagonizadas por Simón Lugar, un poco más pausadas, frente al ritmo más rápido que la novela adquiere cuando leemos la parte correspondiente a La Novela de Rebeca, haciendo que de esa forma el lector pueda ser testigo de la diferencia entre "la vida real" del protagonista y de su obra.

También se ayuda del cambio de prosa, que siempre es contundente, para hacer notar estas diferencias al lector, que aunque sutiles, encontramos entre ambas partes de la novela. Aunque en amabas tramas nos vamos a encontrar con un narrador omnisciente que utiliza la tercera persona, hay que tener en cuenta que Alvira se convierte en Simón Lugar para narrar la Novela de Rebeca, ya que no debemos olvidar que en este libro encontramos una novela dentro de otra, pero que llega a tener tanto peso dentro de la trama que todo el conjunto del libro se convierte en un enorme entramado literario que el lector tendrá que ir desmadejando poco a poco, pues las sorpresas y los hechos inesperados se irán sucediendo lentamente, levantando capa a capa secretos que el lector no imaginaba encontrar ahí, para que cuando piense que ya tiene atrapada la clave, otra pieza hará su aparición en escena y así la hipótesis creada tendrá que ser replanteada de nuevo, y con ello, el interés del lector se eleva hasta límites insospechados.

En la novela los saltos temporales son constantes, y aunque Mikel Alvira se ha encargado de dejar bien marcado al principio de cada capítulo en qué momento de la narración nos encontramos, sí recomiendo estar muy pendientes del momento de la historia en el que estemos, pues esto es fundamental para seguir de forma correcta el hilo de la trama, sobre todo en la parte protagonizada por Simón Lugar, pues La Novela de Rebeca se va desarrollando de forma lineal. Y toda esta trama, como he dicho antes, construida sabiamente como un laberinto del que el lector irá conociendo poco a poco el camino de salida, nos conduce a un final inesperado y brillante, que sirve de colofón a una de las novelas más originales que he leído en los últimos años.

Y si la trama se va desarrollando rodeada de un halo de misterio, no lo hacen menos sus personajes, todos ellos bien dibujados dentro de la novela. Empezamos sabiendo que Simón  Lugar es un hombre introvertido y solitario que intenta mantener el contacto justo con el resto del mundo, sin embargo, el lector irá averiguando que su parte afectiva sale en contadas ocasiones, pero está ahí, aunque sólo la muestra con aquellas personas que son capaces de ganarse su confianza. Algo que me ha parecido un recurso muy bueno a la par que complicado es como Alvira consigue crear una gran complicidad entre el personaje de Eme y el lector, siendo este un personaje que aunque bien perfilado, el autor lo deja "entre la niebla" rodeado de un halo de misterio, pues consigue que el mismo efecto de atracción que ejerce sobre Simón, sin conocer casi ningún aspecto de su vida, lo consiga también sobre aquellos que nos encontramos al otro lado de la página. 

Y entrando ya de lleno en La Novela de Rebeca, también aquí vamos a encontrar personajes "creados "a su vez por el personaje de Simón que consiguen la complicidad del lector, aunque en algunas ocasiones, evite plantear esta complicidad, ni siquiera una posible comprensión.

La Novela de Rebeca va a dar mucho que hablar por su originalidad y calidad, por sus grandes escenas creadas con diálogos brillantes y por sus descripciones que recrean los escenarios a la perfección sin abusar. Mikel Alvira demuestra que llega para quedarse, y Rebeca no estará sola.

martes, 21 de julio de 2015

REGRESO A TU PIEL DE LUZ GABÁS

La novela está narrada en 3ª persona, con dos líneas temporales, una en el presente y otra en 1585 y 1592. Consta de cuarenta y cinco capítulos y la historia sucede en Madrid y en el Alto Aragón. Su lectura es fácil y sencilla, con una prosa cuidada y deliciosa dónde Gabás describe a unos personajes profundos y cuidados y unos paisajes entrañables y evocadores. Al principio la historia es un poco lenta, pero a medida que avanza la lectura y sobre todo al final, nos encontramos con una novela adictiva llena de misterio e intriga.

La primera línea temporal está situada en el presente dónde conoceremos a Brianda, una joven ingeniera que vive en Madrid y le apasiona su trabajo, pero que desde hace un tiempo sus ataques de ansiedad y sus pesadillas la obligan a recurrir al médico y a tomar medicación. En el terreno sentimental es muy feliz junto a su novio, Esteban. Su madre le aconseja que pase unos días en la montaña junto a su tía Isolina para que pueda descansar. Con los recuerdos de la infancia llega a Tiles en lo Alto de Aragón. Allí conocerá a Neli, una joven que la ayudará con su problema y también se encontrará con su tío Colau con el que tuvo algunos desacuerdos en la infancia. Sus paseos la llevarán a la casa de Lubich que perteneció a una familia adinerada en el siglo XVI y está siendo restaurada por su nuevo dueño, un joven italiano muy apuesto. Tanto los paisajes de Tiles, la casa de Lubich y los encuentros con Corso, la llevan a unos recuerdos del pasado y a los sueños que tiene últimamente. Brianda descubre que su vida está vinculada a la de una joven llamada  Brianda de Lubich que vivió hace cuatro siglos y murió acusada de brujería.

En la segunda línea temporal conocemos a Brianda de Lubich hija y heredera de Johan Lubitch uno de los señores más poderosos del condado de Oriun. Nos encontramos en el siglo XVI a principios de la edad moderna. El condado se encuentra dividido por los enfrentamientos entre vecinos debido a preferencias e intrigas políticas. Esos enfrentamientos llegarán muy lejos hasta hacer peligrar la herencia de Brianda de Lubitch. A la casa de Anels llegará Corso, un guerrero italiano que será acogido como un hijo y que luchará por el amor de Brianda. En el poblado habrá una cacería de brujas dónde veintitrés mujeres serán acusadas y asesinadas en la horca.



En las notas que presenta la autora nos  cuenta que en el año 1980 en una pequeña localidad de Orense aparecieron escondidos unos documentos sobre 1576 y 1592 y entre ellos se encontraron dos folios que explican como varias mujeres fueron asesinadas en 1592 acusadas de brujería y  cómo se llevaron a cabo los juicios. Lo curioso del  caso es que no fueron acusadas por la Inquisición, sino por la sociedad civil. Luz Gabás se inspiró para su novela en esos dos folios y los lugares que aparecen en la novela aunque son ficticios tienen relación con el antiguo  condado de la Ribagorza, lugar muy cercano a la autora. La historia de la novela nos lleva a la magia, a la mitología y a la leyenda de las montañas en lo Alto de Aragón. Parte de la documentación de los hechos históricos es real como las acusaciones, los juicios, la política, la religión, las guerras, etc..

Nos volvemos a encontrar con otra novela narrada en dos tiempos, donde la autora nos cuenta una historia muy diferente a la anterior. Los personajes femeninos son los principales en la novela, quedando los masculinos en segundo lugar. Las dos Briandas son los personajes centrales y conoceremos sus vidas, siendo el pasado quizás más interesante que el presente. La descripción de los paisajes es es una parte fundamental de la historia para situar el entorno en el que gira la trama. Es una novela romántica con alta dosis de fantasía ya que el amor de las protagonistas traspasa la barrera del tiempo para volver a reencontrarse después de cuatro siglos.

Recomiendo Regreso a tu Piel al igual que la anterior de la autora, Palmeras en la Nieve. En ellas se podrá encontrar una novela adictiva cargada de amor, odio venganza, aventura lucha...con unos personajes bien delineados que destilan realismo, con una descripción maravillosa de los paisajes y una historia mezcla de realidad y fantasía.

viernes, 17 de julio de 2015

PASIÓN INDIA DE JAVIER MORO

El comienzo es bien conocido. Lo cuenta Ricardo Baroja en uno de esos libros que se recomienda leer a los estudiantes, Gente de la Generación del 98. A comienzos del siglo pasado un frontón madrileño cercano a la plaza del Carmen se convertía por las noches en improvisado teatro de variedades: se colocaba un escenario, se llenaba de butacas media cancha, con sillas y mesas de café la otra mitad. En el Kursaal -que tal era el nombre que recibía el frontón travestido- acostumbraban a reunirse y pasar sus buenos ratos los bohemios de la época: "Por una pesetilla", rememora don Ricardo, "se pasaba uno la noche viendo bailar a Pastora Imperio, a la Argentina, a las Esmeraldas, a la Bella Belén, a Mata Hari, y oyendo a la Fornarina, a la Malaguita, a Candelaria Medina". De teloneras actuaban dos adolescentes malagueñas, Victoria y Anita Delgado, que recibían el nombre de "las hermanas Camelia". Las acompañaba siempre su madre, gorda y simpática, celosa guardiana de la virtud de las niñas. En 1906, Madrid se llenó de príncipes y aristócratas para asistir a la boda del rey. Uno de los invitados -el maharajá de Kapurthala- entró una noche en el Kursaal y  quedó inmediatamente prendado de Anita. Le envió joyas y dinero que la muchacha rechazó indignada. Tras el atentado de Mateo Morral los invitados se apresuraron a regresar a sus países. El maharajá siguió el asedio desde París: regalos, cartas. Anita decidió escribirle. Enseñó la carta a sus amigos escritores para que le corrigieran la ortografía: Mi cerido rey, malegrará que esté usté con la cabal salú que yo para mí deseo. La mía bien. Adiós gracias. Sabrá usted..." Los amigos hicieron algo más: Valle Inclán le redactó una carta digna de una princesa, luego la tradujeron al francés y pagaron a tocateja el franqueo. Valle Inclán siempre creyó que el final feliz de aquella historia se debía a él en buena parte, y se pasó la vida esperando una exótica condecoración concedida por el príncipe indio. ¿Qué fue de aquella adolescente semianalfabaeta en su país de las mil y una noches?..

Javier Moro nos lo cuenta ahora con rigurosa domentación y magia de novelista en Pasión India, un libro que comienza en noviembre de 1907 cuando el buque de ocho mil toneladas de la naviera francesa Messageries Maritimes SS Aurore, se acerca a las costas de la India. En el viajan Ana Delgado  Briones, ya casada con el maharajá y madame Dijon, su dama de compañía. En unos pocos meses pasados en París, Anita ha cambiado mucho: ahora habla francés, luce trajes de alta costura, sabe comportarse en la mesa. Pronto sabrá también otras cosas: que su marido tiene otras cuatro mujeres y cuatro hijos (alguno de la edad de ella) que en Kapurthala la consideran una intrusa y una aventurera, que las autoridades inglesas no reconocen su matrimonio. Javier Moro sabe hacer revivir ante nosotros aquel mundo exótico con el que se encuentra Anita y el que pronto aprenderá a desenvolverse con sorprendente inteligencia y capacidad de adaptación. Por entonces más de medio millar de maharajás reinaban sobre un tercio de la India, consentidos y protegidos por los ingleses. Competían en refinamiento y extravagancia.

 Javier Moro enumera algunos ejemplos: el nabab de Junagadh invitó a más de trescientas personas, incluido el virrey a la boda de su perra favorita; el maharajá de Alwar enterraba sus Hispano Suiza detrás de su palacio cuando se cansaba de ellos; el nizam de Hydebarad se excitaba con el gemido de las parturientas; no faltaba quien utilizaba bebés como cebo para cazar tigres...Ana poco a poco concita la admiración de todos a pesar de la nostalgia, el asombro y el terror. Un día intentan envenenar a su hijo, otro es ella quien está a punto de ser asesinada. En 1910 regresa por primera vez a Europa. Se ha convertido en una mujer famosa. Los periodistas le hacen una y otra vez las mismas preguntas. ¿Es cierto que come carne de serpiente todos los días? ¿Es verdad que vive encerrada en un harén? ¿Será su hijo rey de la India?. Javier Moro recrea ante nosotros la vida de Anita Delgado -aquel cuento de hadas que fascinó a sus contemporáneos- y también algo más: mundos desaparecidos para siempre, el antiguo gran mundo que comenzó a desmoronarse en 1914 tras el pistoletazo de Sarajevo y la refinada y bárbara India de Kipling. Un día invitada por el maharajá Ganga Singh, en el palacio de Bikaner, Anita le pregunta la receta de un plato que encuentra especialmeante suculento, y él responde : Se coge un camello entero, despellejado y limpio, se mete una cabra en su interior, y dentro de la cabra un pavo y dentro del pavo un pollo. El pollo  ha de estar relleno con un urogayo. Dentro del urogayo se mete una codorniz y, finalmente, un gorrión. Luego sazónelo biien y ase el camello en un hoyo en el suelo".

El cuento de hadas de Anita Delgado no terminó en 1923. Ella tenía treinta y tres años cuando su marido se separó de ella, tras el escándalo que supuso haberla descubierto en un hotel londinense en íntima compañía con Karan, el hijo mayor del maharajá  -a quién su padre obligó a casarse de inmediato; Karan fue el gran amor de Anita. Siguieron viéndose a escondidas después de abandonar la India: fugaces encuentros en Deauville, en Biarritz, en Londres, en París. Cuando murió el maharajá, poco después de la independencia de la India, en 1947, Franco quiso darle el pésame personalmente a aquella mujer fascinante. La historia fabulosa que comenzó a contarnos Ricardo Baroja, y que nos parecía increíble con Valle Inclán haciendo de barbuda celestina, termina de contárnosla Javier Moro en Pasión India, una novela verdadera, una minuciosa colección de asombros.

martes, 2 de junio de 2015

EL ASOMBROSO VIAJE DE POMPONIO FLATO DE EDUARDO MENDOZA

Irreverentemente divertida, transgresora y sinvergüenza hasta la última letra de la última palabra. Cuesta imaginar esa mala idea en el rostro bondadoso del escritor. El Asombroso Viaje de Pomponio Flato es una novela corta que se lee en una tarde y que al finalizar te deja un rictus malévolo en la sonrisa. 

A excepción claro, del ácido que como una batería vieja, destila una vez consumida. Eduardo Mendoza, harto de escritores noveles de novelas históricas y thrillers al uso, ha intentado (con bastante éxito) reírse de todos nosotros, de los que escriben y de los que leen, y ha recreado una novela histórica con la única de las reliquias o misterios que hasta ahora nadie se había atrevido a utilizar: la familia de Jesús, o lo que es lo mismo, José, María, Juan Bautista, sus padres, María Magdalena, el evangelista Mateo e incluso el ínclito Judá Ben Hur, que también tiene lugar en esta parodia en la que solo faltan el ángel, el burro y el buey.

Mendoza hila una historia sin pies ni cabeza, al estilo del Laberinto de las Aceitunas, pero con menos gracia y muchísima más mala idea. No se conforma, sin embargo, con una crítica acertada y necesaria a la moda literaria del momento, sino que aprovecha su punzón envenenado para acometer contra todas las religiones en menos de doscientas páginas.

Sentencias como "no hay peor gente en el mundo que los judíos...Rudos, fieros, desconfiados, cerrados a la lógica, refractarios a cualquier influencia, andan enzarzados en perpetua guerra, unas veces contra enemigos externos, otras entre sí y siempre contra Roma... Creen en un solo dios convencidos de que la protección de su divinidad les daría siempre la victoria. De este modo sufrieron cautiverio en Egipto y Babilonia en repetidas ocasiones"  o de los árabes, que tampoco se salvan "Como están obligados a convivir los unos con los otros día y noche desde la infancia hasta la muerte, tienen por norma estricta evitar una familiaridad que con toda seguridad derivaría en conflicto y degeneraría en enemistad. Comen y duermen separadamente y cada vez que se dan por el culo se hacen mil reverencias y se interesan por la salud del otro". Nabateos, griegos, romanos e incluso las tribus bárbaras del norte de Europa tampoco escapan a esta especial mirada de Mendoza.

Es la novela más ferozmente divertida de Eduardo Mendoza. Las andanzas de un detective romano en el Nazaret del siglo I. Pomponio Flato viaja por los confines del Imperio romano en busca de unas aguas de efectos portentosos. El azar y la precariedad de su fortuna lo llevan a Nazaret donde va a ser ejecutado el carpintero del pueblo, convicto  del brutal asesinato de un rico ciudadano Muy a su pesar, Pomponio se ve inmerso en la solución del crimen  y contratado por el más extraordinario de los clientes: el hijo del carpintero, un niño candoroso y singular, convencido de la inocencia de su padre, hombre en apariencia pacífico y taciturno, que oculta, sin embargo, un gran secreto. Cruce de novela histórica, novela policíaca, hagiografía y parodia de todas ellas, aquí se ajustan las cuentas a muchas novelas de consumo y se construye una nueva modalidad del género más característica de Eduardo Mendoza: la trama detectivesca original e irónica que desemboca en una sátira literaria y en una desternillante creación novelesca. Novela breve, disparatada y divertida. Probablemente la novela más divertida de Eduardo Mendoza. Protagonizada por un detective desastroso como en el Misterio de la Cripta Embrujada, El Laberinto de las Aceitunas y La Aventura del tocador de Señoras.

Está cargada de personajes que hacen sonrojar o reír y de la magia de la narrativa cómica del autor, tantas veces imitada y nunca alcanzada. Ha huido esta vez Mendoza de sus parajes barceloneses que tan bien ha retratado y conoce, para darnos unas horas de entretenimiento de alta calidad. Eduardo Mendoza es quizás el mejor escritor actual en lengua española.

martes, 26 de mayo de 2015

MAURICIO O LAS ELECCIONES PRIMARIAS DE EDUARDO MENDOZA

No hay en la nueva novela de Eduardo Mendoza el énfasis paródico de novelas anteriores, excepto la que publicó hace unos diez años, una Comedia Ligera. La maquinaria de Mendoza tiene filos cortantes para la radiografía social. Para el retrato de familia social el mismo filo no hiende menos. 

El trabajo paródico de largo aliento invade novelas que de no ser por ello (por la parodia) quedarían en meros retablos epocales y costumbristas. Eso va desde El Caso Salvolta hasta Una Comedia Ligera. Se ha insistido mucho en esta vertiente en la narrativa del escritor catalán, una vertiente que bien podríamos llamar carnavalesca: acotar un segmento histórico, encerrar en él varios exponentes de clases sociales limítrofes o enfrentadas y someterlo, bajo el prisma de un héroe prototípico, a un refinadísimo proceso de ironización. A veces se insiste demasiado en el costado paródico de su obra. Y ello en detrimento de la dosis no menos delicada y refinada de dibujos psicológicos, como sucede en El Año del Diluvio, de cuadros de caracteres y emociones cercanas y reconocibles por el lector, como sucede en La Isla Inaudita. 

El riesgo de las propuestas paródicas consiste en un distanciamiento de la materia parodiada casi ingobernable, dónde es imposible prometer algo parecido a una humanidad de carne y hueso. No han faltado estudiosos que reprochan a Eduardo Mendoza trabajar sobre áreas de vacío histórico, como si la historia con mayúscula no tuviera sujeto, como si este vacío no aceptara sujetos o personajes introspectivos. 

Tildan incluso de amaneramientos sus mezclas de géneros, malabarismos posmodernos. Yo creo que la humanidad está en todas las novelas de Mendoza. En una novela tan laberíntica como es la Isla Inaudita, es imposible no ver la historia de amor excelentemente contada y que tanto contagia. Yo creo que lo que suele molestar (aunque ello no impida a la vez una indisimulada admiración) es esa especie de frialdad o ligereza metódica que emplea el autor en sus historias. Probablemente los lectores en Mauricio o las Elecciones Primarias redescubran a un Mendoza distinto, aunque con sus constantes estéticas, distinto en la concentración de la materia emotiva que maneja y que tan sobresaliente resultado le ha deparado. 

Dos segmentos se entrecruzan en la novela. Uno es el histórico-social y el otro un sublimado cuadro intimista. Ambos se alimentan dialécticamente. En el sentido que dialogan. Esta estructura es proverbial de Mendoza. Pero a mí me parece que ha querido privilegiar el segundo nivel: una historia de amor cuyo norte no es otro que la conciencia compartida en la fragilidad humana, el dolor y la piedad. Narrada en tercera persona, la voz omnisciente sigue las peripecias rutinarias de su héroe Mauricio, las sigue con esa libertad largamente barojiana para liberar a sus criaturas al albur del destino y de sus propias decisiones, parezcan éstas equivocadas o no. El segmento histórico abarca la segunda legislatura de Jordi Pujol (en el gobierno autónomo de la Generalitat de de Cataluña) y la adjudicación a Barcelona de la sede de los Juegos Olímpicos de 1992.

El saldo ideológico no es esperanzador. Algo así como si el ejercicio de la política no fuera acompañado de un mínimo deber de ejercicio ético. Y sin embargo, o por ello mismo, la historia del autor levanta vuelo no en los escalones altos de la macropolítica, sino en los peldaños inferiores de la vida cotidiana. Mauricio es un dentista (la elección de la profesión del protagonista no podía ser más sintomática, toda vez que su actuación humana  y civil contrasta irónicamente con la actuación que se le supone a quien ha elegido una profesión tan  bien remunerada) que asume su existencia con una única moral (lo contrario, por supuesto, de la doble moral): no desmentirse a sí mismo. Pero Mauricio es un héroe que se agiganta, en su monótona insignificancia, en la medida en que traba perfectamente con sus dos compañeras de reparto: Clotilde y la Porritos. Las dos mujeres, los dos amores del rutinario Mauricio, metaforizan dos clases sociales y dos maneras de sobrevivir en el mundo.

La relación del protagnista con la Porritos creo que es una de las mejores parejas dramáticas de la narrativa española de los últimos años. Hay otra variable de no menor importancia y enjundia en esta novela: el humor. También constante en su narrativa, pero nunca como en esta novela jugando un papel tan balsámico y liberador, dada la materia de grave introspección en que se mueven los personajes. El diseño de los diálogos, el contorno en algunos momentos esperpéntico de algunos personajes secundarios, como en las novelas de Pío Baroja hacen imposible disimular la risa. Mendoza es un maestro para introducir una risotada en medio de una escena que no la haría sospechar. Las disgresiones morales sobre la práctica política  en algunos momentos tienden al tono sentencioso, pero nunca entorpecen ese luminoso poso de tristeza generacional en que a la postre se convierte esta excelentemente construida historia de nuestro tiempo.

viernes, 22 de mayo de 2015

RONDA DEL GUINARDO DE JUAN MARSÉ

Cuando leo algo tan bueno y tan breve como Ronda del Guinardó, inevitablemente pienso en la superficialidad de muchos best sellers y, sobre todo, en la enorme diferencia existente entre escribir para vender y escribir con la exclusiva pretensión de dar lo mejor de uno mismo.

Lo digo porque sólo un gran escritor puede hacer lo que Juan Marsé en esta breve novela: mostrarnos varias vidas, desde el pasado hasta su previsible futuro, limitándose a narrar lo acontecido en una tarde. Si nuestro presente y futuro están condicionados por nuestro pasado, cualquier buen observador puede sacar muchas conclusiones dedicándonos sólo unos instantes de atención. Es lo que hace magistralmente Marsé.

La acción transcurre en Barcelona, al final de la primera mitad de los años cuarenta. El momento queda fijado por las noticias sobre la Segunda Guerra Mundial. El entorno, claro está, ayuda a situar la acción, pero no con tanta precisión.

El protagonista, un viejo policía mal humorado y violento, recibe el encargo de llevar a Rosita a identificar el cadáver de su presunto violador. Rosita, que fue asistenta en casa del policía es una huérfana adolescente acogida en una institución que dirige la monja cuñada del policía, y en la que la esposa, ya cansada y temerosa del marido, colabora.

La tarde en cuestión, dos años después del suceso, Rosita está ocupada limpiando de casa en casa; y además no siente ningún interés en ver cadáveres. El policía la sigue de un sitio a otro, entre espera y espera, tratando de haberla convencido de acudir a la morgue para cuando ella termine su trabajo.

En eso transcurre la novela, y aunque dicho así parece poco, es todo lo contrario. El pasado regresa a la cabeza del policía incapaz de huir de su temperamento, sus miedos y sus tentaciones. Rosita es ya una desaliñada Lolita que trabaja como un asno y no hace ascos a cuanto le permite una ínfima prosperidad. La Barcelona de posguerra sigue su vida, haciendo palpable que el poder del policía apenas ha servido para dar un puñado de disgustos que nada han cambiado. El paseo mano a mano, de casa en casa, demuestra cómo se han separado dos mundos, el del protagonista y el de la muchacha cuando una vez fueron el mismo.

Rosita ha sido capaz de dejar atrás su pasado, cosa mucho más sencilla de hacer a su edad que a la del policía. Cada personaje, con sus actos y palabras se retrata en cuerpo y alma. El autor nos avisa de todos y cada uno de los detalle que informan de cómo reaccionamos y asociamos ideas sin darnos cuenta.

Marsé es un fantástico observador, su prosa es de una concisión extraordinaria y su vocabulario una joya que no puede encontrarse en la mayoría de los libros. Y leerlo es un lujo al alcance de todos.

martes, 19 de mayo de 2015

SI TE DICEN QUE CAÍ DE JUAN MARSÉ

Uno de los clásicos contemporáneos de la literatura española. Tras leerlo, comprendo que figure dentro de este selecto grupo: su calidad es innegable. Pero su complejidad también. No es un libro fácil, pero merece la pena leerse. Escrito a finales de los años sesenta y prohibido por la censura Si te Dicen que Caí constituye una secreta y nostálgica despedida de la infancia, así como un cuadro a la vez sórdido y poético de la vida durante el franquismo.

Se trata además de una de las novelas más personales del autor, pues según el propio Marsé al escribirla sólo pensaba en los anónimos vecinos de un barrio pobre que no existe ya en Barcelona, en los primeros muchachos que compartieron con él las calles leprosas y los juegos atroces, el miedo, el hambre y el frío en su propia infancia y adolescencia.

Si Te Dicen que Caí tiene un estilo faulkneriano por su semejanza en cuanto a estructura con la compleja obra del norteamericano. No hace ninguna concesión al lector, todo lo contrario: es un libro que requiere dos lecturas. Pero en realidad la trama es lo de menos. Lo realmente valioso de este libro es el vívido retrato de una sociedad y una época. Los años de hambre. Los años del miedo. Años de miseria, hambre, frío, resentimiento, abusos de poder y sometimiento. La oscura posguerra española.

Juan Marsé vuelca en el texto los recuerdos de su infancia, que vivió como uno de los niños protagonista de la obra: un niño de la calle, sucio y hambriento, jugando por las esquinas de las calles embarradas, por los descampados aún repletos de munición olvidada, con lo único que tenían: su imaginación "Es una novela hasta cierto punto autobiográfica, porque todo lo que tiene que ver con mi infancia está en ella" cuenta el autor en una entrevista.

El texto aparece salpicado de historias en apariencia inconexas, siendo a veces más bien una recopilación de las miserias personales de cada uno, de diferentes anécdotas, o de instantáneas cotidianas de la vida de aquellos días. El día a día de los verdaderos perdedores de la guerra: el pueblo llano. Una historia de miseria en un barrio de las afueras de Barcelona en los años cuarenta. Niños harapientos, con sarna y fantaseando con un bocadillo...jóvenes metidas a putas para poder comer o por pura desesperanza...familias con alguno de sus miembros en la cárcel o escondido en un zulu para evitar acabar en ella...excombatientes republicanos convertidos poco a poco en meros delincuentes comunes.... y por encima, vigilando a todos, los nuevos amos.

Las tramas se cruzan, así como las épocas. Algunos de los niños de la calle recuerdan, años después, lo que ocurrió. Perro no sólo sus memorias mezclan realidad y fantasía, hechos y rumores, sino que ni siquiera tenemos muy claro quién es quién: no se presenta a los personajes, y quienes de niños sólo se conocen por sus apodos (el Tetas, el Amén, Java o Sarnita) se convierten, sin introducción alguna en adultos con nombre propio. La historia principal, por su parte, es una reconstrucción mezcla de hechos conocidos con rumores escuchados aquí y allá, o incluso con invenciones propias de la imaginación infantil. La realidad y la ficción tienen fronteras difusas...pero en el fondo da igual, pues cualquier versión de la historia es realista, cualquiera de ellos pudo haber sido, en aquella España de miedo, hambre y miseria.

Lo que más me ha fascinado en el libro es el recurso de las aventis ¿y qué son las aventis? La palabra en sí misma parece prima de otra: aventuras en su acepción de suceso extraño o distinto de lo normal. En todo caso en esta novelas las aventis son narraciones orales que allá por los años cuarenta se contaban los chicos del barrio del Guinardó, en Barcelona, para entretenerse. En ellas se mezclan rumores que corrían por el barrio, noticias que salían en los periódicos, así como sucesos cotidianos. Los protagonistas podían ser gente conocida en aquella época, personajes inventados y los mismos chicos narrradores de aventis. 

En resúmen, un buen libro, una gran novela negra con todas las letras (la negrura era la identidad de la época) pero un libro exigente con el lector, aunque el esfuerzo se ve recompensado.

miércoles, 6 de mayo de 2015

RABOS DE LAGARTIJA DE JUAN MARSÉ

Juan Marsé, Premio Cervantes 2008, fiel a su particular mundo imaginativo y a sus coordenadas espaciales y temporales, en la Barcelona de la posguerra, siempre con el barrio de Guinardó de fondo, escribe una historia emotiva, muy dura y conmovedora, ya que Rabos de Lagartija, sin duda, no dejará indiferente al lector.

La estructura y la voz narrativas de esta novela son impactantes, ya que no nos damos cuenta de que quien cuenta la historia lo hace desde el pasado, pero ya en el presente. Ese particular juego narrativo se enriquece, gracias a la sabiduría de Marsé, cuando descubrimos que el narrador cuenta algo que él no vivió del todo, o, al menos, no en primera persona, puesto que el narrador no es otro que un niño, con defectos de nacimiento, que cuenta la historia de su madre Rosa Bartra, y de su hermano, David, cuando aún se estaba gestando en el vientre materno. Eso, insistimos, dota al relato de una fuerza sobrecogedora, sobre todo cuando llegamos al desenlace, tremendo, y entendemos algunas pistas o guiños que  nos ha ido lanzando el autor a lo largo de todo el relato.

En una España triste, llena de pobreza y de injusticia social sobresale Rosa, la pelirroja, con un hijo, David, y embarazada de nuevo, aunque su marido ha huido, en una carrera frenética, entendemos que por motivos políticos, de la policía. El inspector encargado del caso, Galván, acaba por enamorarse de Rosa y tiene con ella mil atenciones que a David le resultan odiosas. Dicho así parece una historia más, pero cuando entramos en el tejido de los personajes, en sus pensamientos, en ese soñar que tiene David, lleno de entelequias, de palpitaciones, de premoniciones, no tenemos más remedio que seguir leyendo porque una simple reseña no le hace justicia al libro. Entrañable resulta la relación de David, un muchacho con un particular sentido de la justicia y con una imaginación exacerbada, con el perro Chispa, un pobre chucho moribundo por el que siente un afecto visceral, ciego.

A los personajes de Rabos de Lagartija, la época histórica que les tocó vivir les ha engañado, les ha ninguneado, y, lo que es peor ha silenciado sus sueños y los ha matado. Rosa, la pelirroja, que nunca más pudo ejercer de maestra y que está muy enferma, aunque quizás no sea consciente del todo, y que malvive cosiendo como puede; David, el muchacho que sueña mirando los posters que hay en su habitación, que se viste de niña, que imagina apariciones de su padre, que fantasea con el piloto de la RAF que lo mira desde la pared de su cuarto y que siempre escucha sonidos raros, como si un mal viento se le hubiera metido en los oídos. Incluso el propio Galván, con una historia gris a sus espaldas, hubiera merecido mejor suerte. Y Paulino, el aprendiz de barbero, harto de los malos tratos de su tío. La abuela, anclada en un universo que no existe ya y el narrador neonato que tendría que haber sido un niño normal y feliz.

Rabos de Lagartija no es una novela fácil de leer, dramática, escrita de manera impecable, en dónde tan importantes son los diálogos como las reflexiones que leemos en torno a los personajes y que nos permiten entender el drama que viven. Pese a todo, tienen aún ganas de seguir adelante. Rosa quiere tener a su hijo, David quiere testimoniar lo que ve. El pequeño Víctor quiere tener una vida como todos los niños.

Aquí no se trata ya, como en obras anteriores de Marsé, del contraste o el enfrentamiento entre clases sociales, sino de un progresivo acercamiento entre vencedores y vencidos -vencidos todos al fin y al cabo- que al principio parecía imposible . La creciente atracción mutua que se desarrolla en ambos protagonistas, nace del respeto y de la estima por las cualidades personales, al margen de las ideas políticas o de la posición sociológica de cada uno, y se verá perturbada por la radical interposición de David, capaz de inventar una historia, probablemente falsa, para separar a su madre del intruso, no tanto por respeto al padre ausente, como por un problema de oscuros celos al que ni siquiera se alude.

David, cuya infancia ha sido destruida por la guerra, representa un obstáculo para la reconciliación, de tal modo que su trágico final acaba por tener un valor simbólico. Nuestro acercamiento a Rabos de Lagartija no puede pasar por alto la difusa frontera que se establece entre el mundo interior de David Bartra y la realidad. Predomina en la obra una atmósfera surrealista que caracteriza a todos los personajes. El padre de David que juega el papel de héroe ausente está humanizado, pues en el transcurso de los diálogos que su hijo mantiene con su fantasma, desaparece cualquier rasgo mítico que pudiera portar el personaje. Así pues, este héroe ausente está muy distante de aquel otro que veíamos en la sugerente novela El Embrujo de Shangai, también de Juan Marsé.

La novela, dotada de una estructura narrativa tan sabia como imaginativa, corrobora la condición de Juan Marsé como uno de los novelistas mayores, no sólo de las letras hispanas, sino de las actuales narrativas europeas. Para quien no haya leído nunca a Marsé este será el principio de una buena amistad lectora y para quien ya lo conozca, corroborará su maestría literaria.

jueves, 30 de abril de 2015

CORAZÓN TAN BLANCO DE JAVIER MARÍAS

En el acto II de Macbeth el protagonista de la tragedia acaba de cumplir uno de sus asesinatos. Siente miedo de su crimen y una vez más lady Macbeth increpa al cobarde: ella lleva las manos tintas en sangre, igual que las de su marido, pero se avergonzaría de tener "el corazón tan blanco" como el de su indeciso esposo. Es el final de la escena segunda de la que Javier Marías ha tomado un lema "(Corazón tan Blanco") que valdrá para algún personaje de su novela: por su indecisión, por su cobardía, por su temor a su propia maldad.

La novela de Marías es una gran novela. El argumento es válido porque mantiene un apasionado interés que no decae, pero es también una teoría de formalizaciones que la hacen ser de un valor singular. Estamos en una cuestión que se nos suscita mil veces y que nos suscitará otras mil: la cuestión de la forma. Y aquí sí que el mundo de los significantes es de una excepcional maestría. Porque el autor no cuenta, sino que hace: no es ésto u otro lo que debe caber dentro de sus propósitos; somos nosotros quienes nos introducimos en un relato apasionante y entendemos lo que es el "tempo lento" que el narrador se impone. "Tempo lento" que no aparece como una deliberada morosidad, sino que se va logrando por las exigencias a las que obliga un vivir, que puede ser trepidante. 

Aquí se nos plantea un primer motivo ¿Qué piensa el autor de lo que debe ser la novela? En un momento nos dice: "quizá sea ésto lo que nos lleva a leer novelas y crónicas, y a ver películas, la búsqueda de la analogía, del símbolo, la búsqueda del reconocimiento, no del conocimiento". Y con ésto sobre su cabal sentido el testimonio de Macbeth: hay una analogía con el personaje de Shakespeare o un símbolo que actúa sobre un vivir dispar, pero que permite reconocer acontecimientos muy discrepantes, como si hubiéramos encontrado el hilo que asocia las cuentas de aquel imaginario collar. Ha cobrado sentido la negación de un pertinaz silencio que, de pronto, aflora al reencontrarse con el conocimiento silenciado. Tal vez sea ésta la conducta de Ranz, sepultado como una laguna abisal por indicios personales o por denuncias ajenas.

Lo dijo Ortega hace muchos años: la novela es un género abierto. En él -o en ella-  no encontramos lo que se nos cuenta, sino que por indicios, intuimos lo que se nos oculta. Y ésta es una de las grandes maestrías de Javier Marías: parte de unas páginas espléndidas dónde está todo lo que van a ser las vidas de quienes protagonizan la historia: Más aún, aquel personaje bello y débil que se suicida, va a ser la mano del auriga que tiene las riendas de la cuádriga y las tensará o relajará conforme sea la exigencia del relato: "No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas cuando ya no era una niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre que estaba en el comedor con parte de la familia y tres invitados". Es todo y aquí está todo. 

Trescientas páginas para aclarar este suicidio. Se me dirá al deambular de unos pasos policiales y tendré que decir cuán abismalmente estamos de ello. Una novela policíaca es trepidante porque necesita contar cosas, muchas cosas para que el lector se sienta en una maraña de la que el autor le dejará salir. Pero aquí no. Se ha logrado un "tempo lento" en el que los resultados van brotando por su propia existencia y no por la imposición del demiurgo. Lo que tenemos es una estructura generosamente abierta en la que caben mil cosas de apariencia ajena al relato. De apariencia ajena, pero que van estructurando la propia condición de la novela. La novela es la vida misma, como el río que se despeña o las aguas que se remansan. 

No se trata de la historia de una pasión como serían las "nívolas" de Unamuno, sino la vida de lejos de un quehacer restringido. Leyendo Corazón tan Blanco pienso en Cervantes, en Galdós o en Baroja, no por parecido o vinculaciones, sino por la naturaleza de un arte extendido a un mundo en el que las puertas se han caído y entra un vendaval que viene de treinta y seis rumbos diferentes. Podríamos pensar en un cosmos acumulativo o en pluralidad de muchos inscritos en una estructura que los abarca a todos. Entonces, este relato al servicio de aclarar las causas de un suicidio, tiene también la necesidad de otras vidas que son otras tantas novelas diferentes: la aventura intuida en La Habana, la sátira del mundo de la traducción, la historia de Berta en Nueva York y cómo sustenta el rencor hacia el padre que acabaría en el descubrimiento de los móviles del suicidio.

Pero si la novela es plural en su propia realización, no podemos decir que no sea el demorado análisis psicológico que hubiera gustado a Unamuno. Hay personajes retratados de manera magistral, como aquel Ranz, tan poco grato, que "hablabla pausadamente, como solía, buscando algunas palabras con mucho cuidado, no tanto para ser preciso como para causar efecto y asegurarse de ser escuchado con atención. Acumular informes no sería difícil: unas veces porque el texto ajeno sirve de amparo a lo que se dice o porque la propia experiencia es motivo de meditación, o por consideraciones sobre la muerte, el valor de los actos o la capacidad de discernimiento, En otros casos, motivos trascendentes sobre las motivaciones del mundo o sobre el comportamiento de Berta nos sitúan ante una novela en la que poco cuentan las circunstancias para dejar paso a las turbulencias del ser interior. Una novela excelente.

viernes, 10 de abril de 2015

EL PESO DEL CORAZÓN DE ROSA MONTERO

En la última novela de Rosa Montero nos reencontramos con Bruna Husky, la peculiar detective privada que ya conocimos en Lágrimas en la Lluvia, aunque no es necesario haber leído ésta para iniciar el Peso del Corazón, ambas historias pueden ser leídas de manera independiente.

Ambientada principalmente en Madrid, en un futuro no tan lejano (año 2109), resulta muy curioso para el lector que conoce la ciudad leer sobre los cambios que han sufrido los lugares conocidos. Humanos y tecnohumanos conviven en los Estados Unidos de la Tierra. Bruna es una tecnohumana, una androide de combate singular, personaje ambiguo y complejo que vive obsesionada por la muerte y al que le cuesta manejar sus emociones.

Contratada para resolver un caso a primera vista sencillo, la detective Bruna Husky se enfrenta a una trama de corrupción internacional que amenaza con desestabilizar el frágil equilibrio entre una tierra convulsa y la dictadura religiosa del Reino de Labari.

En un futuro en el que la guerra está supuestamente erradicada, Bruna lucha contrarreloj por la libertad y en defensa de la vida, mientras asimila los sentimientos contradictorios que le produce hacerse cargo de una niña pequeña. Bruna Husky es una heroína extrema y fascinante, una superviviente capaz de todo, que se debate entre la fragilidad y la dureza, entre la autosuficiencia y la desesperada necesidad de cariño. Es una fiera atrapada en la cárcel de su corta vida, un tigre que va y viene ante los barrotes de su jaula "para que no se le escape el único y brevísimo instante de la salvación", como el felino de la bella frase de Elias Canetti. El Peso del Corazón es un thriller, una novela de aventuras política y ecológica, una historia de fantasía y ciencia ficción, un relato mítico, un cuento para adultos, una reflexión sobre la creación literaria, una metáfora sobre el peso de la vida y la oscuridad de la muerte...y una historia de amor

Bruna aparece permanentemente dividida entre su naturaleza replicante y sus pensamientos y sentimientos humanos. Parece no poder discernir o no ser capaz de resignarse a ser un producto creado por el ser humano, y también al lector le resultará imposible considerarla como un simple robot. Eso es precisamente lo que da fuerza al personaje, el hacernos partícipes de todas sus luchas interiores. Con ello, junto a su fuerte carácter y su tendencia a dejarse llevar por esos estallidos para los que está programada, y a reprimir aquéllos que cree que no debería tener, Bruna se convierte en una gran protagonista a la que seguimos sin pensar por ese mundo del siglo XXII, un mundo que pese a estar mucho más avanzado sigue teniendo sus miserias, en el que hay desfavorecidos, corruptos y asesinos exactamente igual que existen en el nuestro.

Además de la protagonista, excelentemente perfilada, el resto de personajes son igualmente sólidos y creíbles. En un mundo perfectamente ideado por la autora, en el que todo encaja y parece verosímil se se reproducen también los mismos problemas y desigualdades sociales que podemos encontrar hoy en día, lo que confiere al texto cierto contenido de crítica social.

Con un estilo ágil y una prosa fluida la trama atrapa de principio a fin. Una historia apasionante en la que la autora aúna magníficamente ciencia ficción, intriga y acción. Muy recomendable.

LA TEMPLANZA DE MARIA DUEÑAS

La Templanza se inicia en la década de 1860 cuando su protagonista, Mario Larrea ve peligrar la fortuna que durante tantos años le ha costado levantar trabajando duramente y con tesón en las minas mexicanas. Ahogado por las deudas y la incertidumbre, se traslada a la Habana, dónde espera encontrar nuevas oportunidades para prosperar y solventar su situación. En un inesperado giro del destino Larrea se verá obligado a enfrentar un reto de honor que se convierte en arriesgada apuesta. De ella resulta ganador de unas propiedades inmobiliarias en Jerez, entre las que se halla la Templanza, nombre con el que se conocen una bodega y una finca de viñas casi abandonadas. 

Trasladado a la ciudad andaluza, intentará pasar por indiano rico para vender cuanto antes aquellas propiedades. Pero no contaba que en su camino se cruzaría Soledad Montalvo, esposa de un marchante de vinos londinense y última descendiente de la familia bodeguera a la que en su día pertenecieron los terrenos. Una mujer envuelta en sinuosos claroscuros que ejerce sobre el minero una poderosa y contraproducente atracción.

Se pueden entresacar constantes autorales con las dos novelas precedentes, El Tiempo Entre Costuras y Misión Olvido, pues la Templanza también habla de viajes en busca de segundas oportunidades, de lazos familiares que marcan al individuo, del trabajo bien hecho y de golpes del destino que provocan altibajos radicales en la vida de las personas. Este último punto tiene tanta importancia en su nuevo libro que a veces trae a la mente la literatura del estadounidense Paul Auster, con el que por lo demás tiene poco que ver.

Pero se aprecia un notable esfuerzo por abrir caminos nuevos. Por ejemplo, Maria Dueñas parece haberse propuesto componer una obra opuesta a El Tiempro Entre Costuras, con protagonista por primera vez masculino, un indiano que recorre el camino justamente opuesto al de la ya legendaria Sara Quiroga. No se trata de una ingenua obligada a madurar por las desavenencias de la vida, sino de un veterano emigrante que, precisamente, desea ir hacia el otro lado y recuperar la ilusión de la época en la que estaba abriéndose camino.

Se llevan la palma las descripciones de ambientes, todos conseguidos, en especial los locales marginales de La Habana y las bodegas de Jerez. Abundan los pasajes memorables, como una incursión en compañía femenina a un archivo, o la decisiva competición de billar. Puede que Mauro Larrea, el personaje central, no despierte tanta fascinación como la aludida Quiroga o la profesora Blanca Perea de Misión Olvido, pero está bien construído y, por supuesto, también viene acompañado por memorables personajes secundarios, como el apoderado Elías Andrade, conciencia del protagonista, de presencia tan poderosa cuando no está en escena como cuando sí está, la decidida hija Mariana, el pusilánime Nicolás, la impredecible Carola Gorostiza, el banquero Julián Calafat, la emblemática Soledad Montalvo. La escritora logra siempre despertar el interés por todos y cada uno de ellos.

La trama tarda en arrancar, pues hasta la segunda mitad del libro, ya en España, no se sabe muy bien dónde quiere ir a parar la historia (en un juego de espejos, pues el propio Mauro Larrea tampoco sabe que hacer hasta entonces). A partir de ahí el relato, centrado en el origen del vino jerezano con los ingleses, resulta tan apasionante como fresco. Finalmente, el balance resulta positivo. Además Dueñas escribe con una prosa realmente trabajada y cautivadora aunque alguna construcción resulte repetitiva.