jueves, 23 de junio de 2016

VESTIDO DE NOVIA DE PIERRE LEMAITRE

Vestido de novia de Pierrre Lemaitre ganó el premio Goncour de 2013 con una novela que gusto mucho también aquí en España. Se buscó en el baul de obras publicadas para servirlas al público ávido de más Lemaitre. Vestido de novia es la segunda de su autor.

Explicar parte de cómo se desarrolla la trama hace que pierdas interés en la novela. Pero también que descubras los volantazos del argumento y la decepción entonces es casi depresiva.

Una novela puede ser tramposa pero no sé yo si también mentirosa. Y me temo que aquí Lemaitre a fuerza de encadenar hechos inverosímiles, cuando no imposibles, nos endosa no mal truco de mago sino trola de adúltero en paños menores. La novela empieza muy bien. Inquietante. Sin contemplaciones. Asistimos a una persona aparentemente normal que tiene problemas con su cordura. El autor nos coloca dentro de los ojos de esa cabeza enloquecida. Sophie es una canguro que al despertar observa como el crío al que cuida ha sido estrangulado con los cordones de sus propios zapatos.

La puerta de la casa está cerrada por dentro. Hay una víctima y una culpable: ella. Se dá a la fuga, a su alrededor siguen apareciendo muertos. Busca una madriguera y se esconde. Esta primera parte es casi impecable en cuanto a recursos y objetivos. El vértigo de la locura cuando subvierte lo cotidiano hasta hacerlo inaprensible.

Pero a partir de la segunda parte se han acabado casi todas las buenas noticias. Es como si el Lemaitre novelista, al concluir esta primera parte, haya decidido, satisfecho irse a la cama y quien se levanta de la siesta es el Lemaitre guionista de series de televisión para domingos por la tarde en Antena 3. Porque la segunda parte es larga, lenta, inverosímil con tópico serial killer obsesivo de manual freudiano en fascículos coleccionables. Un CSI Burdeos desde el punto de vista del pirado, un Norman Bates encontrado en un todo por euro. Lo que explica tiene un cómo increíble aunque el qué puede ser goloso -alguien trata de enloquecer a la víctima de su venganza a base de fármacos, cambios constantes y demás fruslerías-.

Lemaitre es aquí un autor con la espalda quemada por Thierry Lonket, pero no resiste comparación con él, ni tampoco con el suspense hitcockiano al que parece querer acercarse, homenajear o vete a saber qué. Hay disfraces, algunos giros solventes, y un desenlaza predecible, claro, pero además excesivamente atolondrado, ridículo más que patético con la ristra de ajos de rigor: abuelos en Dachau, madre desequilibrada, campiña francesa, padre fetén, polis incompetentes, silla de ruedas por escalera, malo reprimido e impotente e historiales psiquiátricos en cajas de cartón.

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